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Resiliencia

Término “robado” por la psicología de el mundo de la ingeniería, que se define como la capacidad que tiene un “material” de recuperar su forma original, después de deformarse por causa de una fuerza ajena a este, cuando dicha fuerza desaparece. O lo que es lo mismo, es igual al trabajo que tengo que ejercer sobre un objeto para llevarlo a su “limite elástico”.

A partir de superar este “limite de elasticidad” el material no podría volver a su situación original aunque la fuerza cese.

En términos psicológicos, hablaríamos de la capacidad que tiene una persona para volver a la normalidad después de enfrentarse a un problema.

Existe una diferencia fundamental, sobre la resiliencia, entre el punto de vista de la ingeniería y la psicología . En ingeniería, una vez terminada la fuerza, el material vuelve a la situación original sin más. Sin embargo, la psicología tiene nos explica que en el ser humano, y en condiciones de aprendizaje adecuadas, no solo se volvería a la normalidad después de dar respuesta al problema. Debido a la plasticidad cerebral, se podría aprender a tener mayor elasticidad en situaciones adversas similares, o incluso nuevas, que puedan presentarse en el futuro, es decir cuanto mas nos enfrentamos a situaciones de crisis y mas batallas ganamos se produce un aumento de nuestra resiliencia.

¿Qué factores y de qué tipo, pueden influir para que tengamos mayor o menor resiliencia?

Factores genéticos:

En niños, se ha encontrado una base genética que podría demostrar cierta predisposición a ser más o menos resiliente.
Los niños portadores de una variante del gen DAT que regula la proteína transportadora de la serotonina son menos resilientes debido a que padecen un déficit de atención que podría alterar la adquisición del aprendizaje.
Otros niños, son portadores de una variante corta del gen HTTLPR, también relacionado con el transporte del neurotransmisor serotonina cuya falta de regulación provoca inestabilidad emocional que también interferiría en el aprendizaje y por tanto en la capacidad de resiliencia.
Estás “alteraciones genéticas”, aunque sin olvidarlas, no parecen tener una transcendencia suficiente para justificar una escasa resiliencia.

Factores dependientes del aprendizaje

El cerebro es una máquina predictiva, siempre está imaginado lo que va a suceder inmediatamente “para no llevarse sorpresas”. Esto lo logra buscando en su memoria como resolvió en situaciones similares. En el caso de no encontrar la “solución en su memoria” se segrega un neurotransmisor, el cortisol, cuya función es poner en estado de alerta a todo el organismo para poder percibir los detalles necesarios de la novedad ante la que nos enfrentamos y así poderle motivarnos para encontrar la solución. Cuando lo conseguimos, entra en funcionamiento el sistema de recompensa que nos hace sentir bienestar, al haber “triunfado por haber encontrado la solución al problema”. Esta recompensa, consigue fijar nuevos datos en la memoria que acelerarán encontrar la respuesta adecuada en situaciones similares posteriores.

¿Qué pasa sino conseguimos resolver?

Que mantengamos la motivación, finalmente depende del “número de triunfos” que seamos capaces de conseguir ante los conflictos que se nos presenten.

Si en la mayoría de los casos a los que nos enfrentamos, hagamos lo que hagamos, siempre termina en fracaso, lo que aprenderemos es a evitar los problemas. Una política de evitación que nos alejará de cualquier posibilidad de aprender y que terminará en una grave desmotivación que en ocasiones termina en “Trastornos de ansiedad” o en graves casos de incapacitante “Depresión”.

Solo una exposición amable y paulatina a la adversidad, que nos enseñe como resolver los momentos adversos que se nos presenten, forjará una personalidad equilibrada y dando lugar a un alto grado de resiliencia.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro ante el estrés?

En recientes investigaciones se ha encontrado una relación directa entre el aumento de la concentración de cortisol, la hormona del estrés, que se libera en nuestro cerebro ante situaciones de tensión, y la velocidad de desaparición de esta, con un mayor o menor grado, de resiliencia. A mayor grado de resiliencia, menos cortisol se secreta y mayor es la velocidad descenso de la hormona, lo que hace que la persona vuelva a la situación de tranquilidad más rápidamente.

Este hecho se acompaña de importantes ventajas para nuestra salud.

Las personas con mayor resiliencia, presentan menor incidencia de enfermedades inflamatorias, del aparato circulatorio (hipertensión arterial, infarto de miocardio etc..) ó endocrinológicas (diabetes obesidad etc..).

A nivel cerebral, las personas con mayor resiliencia, tienen mayor concentración de sustancias, como el factor neurotrófico, derivado del cerebro, relacionadas con el fortalecimiento y asentamiento de los circuitos cerebrales y por tanto del afianzamiento de la memoria, debido a su acción sobre el hipotálamo área del cerebro relacionado con el procesamiento de esta.

A su vez, las personas con mayor resiliencia, presentan un mejor funcionamiento del sistema inmunológico, presentando menor probabilidad de, infecciones, enfermedades autoinmunes e incluso cáncer, debido a que generan menor cantidad de hormona del estrés y la duración de esta en sangre está notablemente disminuida.

¿Cómo podremos adquirir mayor grado de resiliencia?

En el caso de los niños, para alcanzar un grado de resiliencia adecuado, no deberemos resolver, durante su infancia, todas las adversidades que se le presenten en la vida.

Seremos muy cuidadosos de solo intervenir cuando la situación le sea imposible de resolver o sea verdaderamente peligrosa.

Si por el contrario, lo entrenamos en el “miedo excesivo” o peor aún en la creencia de que “no podrá enfrentarse” por no tener las capacidades necesarias para resolver, solo conseguiremos que renuncie a enfrentarse a los problemas.

Deberemos entrenarlo en la resolución de problemas y que sea consciente de que puede enfrentarlos y sobre todo resolverlos.

En el caso del adulto con baja resiliencia, deberemos enfrentarlo paulatina y gradualmente, desde situaciones de bajo estrés que pueda resolver con cierta facilidad, a situaciones cada vez mas conflictivas, en las que ir aprendiendo como se resuelven, lo que con el tiempo irá generando mayor autoconfianza y una mayor resiliencia.

Por tanto, no desesperemos, si nuestra resiliencia es baja, sin duda con un buen “entrenamiento terapéutico” podremos mejorarla y que los problemas no supongan obstáculos imposibles de franquear que nos lleven a la desmotivación y la apatía o lo que es peor aún, al uso de sustancias para intentar anestesiar la realidad, alcohol, cocaína, hachís etc.. que no solo interfieren el aprendizaje sino que, como efecto secundario, las empeoran por diversos mecanismos.

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