EL Mundo: “Comer o no comer la golosina

Efectivamente es mejor resistirse. Esto es lo que comprobó Walter Mischel en su pionero estudio realizado en los años 60 con niños y “chuches”.

Lo más impactante de este experimento fueron los datos recogidos más de 20 años después y en los que se estudiaba cómo había ido la vida de esos niños ya convertidos en adultos. Curiosamente, o no tanto, se comprobó que los niños que habían resistido la tentación de comerse las golosinas se habían convertido en personas con una mejor habilidad de perseguir objetivos y de persistir aunque sufrieran derrotas, por tanto se habían convertido en adultos con unos resultados académicos mucho mejores que los que habían sucumbido a la tentación de comerse los dulces y ,lo que es más importante, en adultos con una vida personal mucho más satisfactoria y feliz.

Quizás a alguien le puedan parecer curiosos estos resultados, sin embargo, no son en absoluto sorprendentes; diríamos, más bien, que eran los esperados. El hecho de que un niño resista a la tentación de comerse una golosina es mucho más complejo de lo que pensamos y en él influyen cosas fundamentales para su equilibrio emocional y que, por tanto, influyen de manera decisoria en su de ser y comportarse. Veamos cuáles:

  1. Adecuado control de impulsos. Esto hace que no se lance a comerse inmediatamente la chuche, sino que sepa valorar los pros y contras de hacerlo, tomando la decisión final que cree le hará más feliz. En el caso de los niños era esperar y comerse el doble de chuches, al no comerse de manera inmediata la que tenían delante.

  2. Tolerancia a la frustración, esto permite ser capaz de esperar, sin desesperar, teniendo para ello que aguantar de manera inmediata las ganas de disfrutar de ese dulce. La baja tolerancia a la frustración nos convierte en personas débiles y tendentes a la infelicidad; cualquier deseo no cumplido supone una lacra para nuestra vida.

  3. Aprender a cambiar las cualidades emocionales de algo por cualidades informativas. Si en vez de pensar en los dulces como algo apetitoso, rico, que me encanta comer… Pienso en ellos como algo malo, que me provoca caries, que engorda, que me puede convertir en diabético, ya no me parece igual de apetecible. No es que los niños hicieran este ejercicio, pero sí de alguna manera decidieron no pensar en lo buenas que estarían las chuches y pensar en otra cosa.

  4. Maniobras de distracción. Es lo que realizaron los que consiguieron resistir, que consistían en mirar hacia otro lado, cantar, contarse los dedos de los pies, mirar hacia arriba, cualquier cosa menos mirar los dulces, porque sabían que si lo hacían, todo sería más difícil.

  5. Cambiar la actitud ante las cosas hace que todo cambie. Lo que hicieron estos niños fue convertir la angustia por tener que esperar en algo llevadero para conseguir lo que querían, que era comerse más cantidad de dulces. Convirtieron algo que en principio era malo, esperar, en algo bueno, que era en un comer más dulces en un rato.

Ahora sí podemos entender que esos niños que fueron capaces de esperar se convirtieran en mejores adultos, porque lo que parecía tan simple, vemos que no lo es y que esa decisión de esperar y resistirse, llevaba aparejada la mayoría de los mecanismos de los que disponemos para convertir nuestra vida en un viaje más relajado y placentero. Con demasiada frecuencia, los que nos dedicamos al tratamiento de trastornos de conducta y adicciones, vemos que estos cinco puntos son el talón de Aquiles de la mayor parte de nuestros pacientes. Al no haberlos desarrollado de manera adecuada terminan buscando la “inmediatez”, lo que les consuele y alivie “YA”, que no es más que lo que hacían los niños que sucumbían a la tentación y al impulso de comerse la primera golosina.

Volvemos a hacer hoy hincapié en la tremenda importancia de una adecuada educación de nuestros hijos desde sus primeros años de vida para conseguir que el día de mañana se conviertan en personas equilibradas y felices. No olvidemos que el hecho de que seamos personas satisfechas con nuestra vida no depende de los demás, ni siquiera en gran medida de las circunstancias que nos rodean, sino de nosotros mismos.

Así pues, empecemos a ver la vida como lo que es, algo que merece la pena: llena de cosas para hacer y planes posibles para realizar, llena de personas estupendas a las que conocer y llena de creatividad, arte y mil cosas que nos permiten divertirnos y aprender.

Y claro que habrá problemas, forman parte de ella, pero aprendamos a enfrentarlos sin miedo y buscando soluciones. Recordemos lo que decía el filósofo griego Epícteto:

“No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”.

Dra. San Román 

Subdirectora Médica Centro Aupa