La vida sedentaria y sin deporte hace que nuestra esperanza de vida sea menor.

Nuestro cerebro se creó hace millones de años llevando una vida llena de actividad: correr, saltar, desplazamientos andando…  Pero la civilización y los adelantos tecnológicos nos han convertido en seres sedentarios.

Uno de los beneficios más importantes de la actividad física es que si el deporte se practica en grupo, estableceremos un nuevo círculo de relaciones personales, algo que en la nueva vida del adicto es muy importante pues necesita alejarse de todo aquello que le recuerde a su adicción. 

Además de liberarse dopamina se ha demostrado que al realizar ejercicio, sobre todo aeróbico que requiera coordinación de movimientos, se liberan y se envían al cerebro una serie de sustancias que actúan potenciando un neurotransmisor, el BDNF, que favorece la conexión entre neuronas y, por tanto, la memoria y el aprendizaje. Así pues, además de conseguir enseñarle a nuestro cerebro otra manera de sentirse bien que no sea través de las drogas o de la realización de determinadas conductas, obtenemos un beneficio adicional, mejorando nuestro funcionamiento cerebral.

La realización de ejercicio físico es parte fundamental en la recuperación de un adicto, y debe de pasar a convertirse en parte de su vida futura. También porque el adicto pasará de ser alguien cuya único y principal interés en su vida era el consumo de una droga o la realización de determinada conducta, a ser una persona preocupada por obtener su bienestar físico y emocional. Este es nuestro objetivo en Centro Aupa.

Establecer unos días y unas horas fijas nos ayudará y alcanzaremos la satisfacción de haber cumplido el reto de hacer algo nuevo y diferente. 

“El sofá mata igual que el tabaco”, ¿quieres saber más sobre este estudio?.