TABACO: SORTEO MORTAL

He leído con enorme alegría que José Coronado ha sido dado de alta tras sufrir  un infarto hace unos días. Fumaba hace 40 años, puede parecer una cifra muy grande, pero si cualquier fumador de su edad hace los cálculos se llevará la triste sorpresa de comprobar que esa suele ser la media, y uno descubre también con horror que lleva muchos más años de su vida fumando que sin fumar, que casi no recuerda cómo era su vida sin un cigarro, salvo la infancia. Muy triste. Pero el leer esta noticia me ha hecho escribir otra vez sobre el tabaco, porque Coronado ha dicho una frase que me ha gustado por ser muy descriptiva de lo que supone fumar: “Esto me ha abierto los ojos para siempre, cada cigarro que fumas es una papeleta para que te de un infarto”. Así es, y esto es lo que les explico a los pacientes que acuden a Centro Médico Aupa para dejar de fumar, cada cigarro es como disparar en el juego de la ruleta rusa, nunca sabes cuál va a ser el que contenga la bala y te mate, cada calada arriesgas tu vida. Por eso hoy me gustaría desmontar las cinco grandes mentiras con las que se excusa todo “buen fumador”:

1-Fumo porque quiero. No es verdad, la nicotina es la sustancia más adictiva que hay, los fumadores son adictos. Pero esto es algo difícil de asumir y reconocer, no nos gusta pensar que dependemos de algo que nos controla, nos gusta sentir que somos libres. Y precisamente para lograr mantener esta mentira el cerebro tiene un mecanismo: el autoengaño. Este nos hace ser capaces de ocultar o adornar algo que nos generaría un gran malestar de reconocérnoslo a nosotros mismos: fumamos porque estamos enganchados, no hay nada de libertad o elección en hacerlo.

2-Fumo porque me gusta. Nada más lejos de la realidad, comprobable sólo con recordar qué pasó cuando fumamos el primer cigarro: tos, mareo, mal sabor…..esa es la realidad del tabaco, pero nuestro cerebro adicto, para evitar que pensemos en dejarlo, nos envía el mensaje de que nos gusta. Lo que nos gusta es la sensación de bienestar que todo adicto tiene cuando consume la sustancia a la que está enganchado, y que se basa en el sistema de recompensa del que ya hemos hablado muchas veces: fumo y una vez que la nicotina llega al cerebro provoca la liberación de dopamina, con la consiguiente sensación agradable que esta genera.

3-Fumo porque me calma los nervios. Otra gran mentira perpetuada a base de repetirla. Todo lo contrario, el tabaco es un excitante. La única supuesta calma obtenida, es la de paliar la ansiedad generada cuando llevamos rato sin fumar por el síndrome de abstinencia.

4-Si dejo de fumar engordo. Puede parecer algo absurdo comprometer la salud por esta razón, pero os aseguro que la escucho muy a menudo en la consulta .No engorda el hecho en sí de dejar de fumar, lo que engorda es el comer sin parar como resultado de la ansiedad generada por el “mono” de no fumar. Mi cerebro busca desesperadamente un sustituto a la fuente de dopamina rápida que le hemos quitado, y la comida se convierte en su nuevo objetivo, y normalmente además suele ser bollería o comida basura, ya que contiene gran cantidad de azúcar, que en nuestro cerebro realiza la misma función que la nicotina. Lo único que debemos de hacer es planificar el dejar de fumar y buscar alternativas y, por supuesto, tratamientos existentes hoy en día para no pasar el temido mono.

5-A mí no me sienta mal fumar. Y esta afirmación la basamos en que no tosemos, respiramos bien, incluso puede que hagamos ejercicio, no roncamos, no nos cansamos….Estupendo, pero lo que obviamos, por desconocimiento, es el daño que en nuestro sistema cardiovascular o a nivel genético se está produciendo de manera silente. Como dice Coronado, no sabemos en qué momento el cigarro que fumemos tendrá la papeleta “premiada” con un infarto o un cáncer. Y, por desgracia, esto no da síntomas. Así que no hagamos valoraciones falsas sobre nuestra salud.

        Decía Demóstenes que “No hay nada más fácil que el autoengaño, ya que lo que desea cada hombre es lo primero que se cree”. Ojalá si hoy lees esto, te sirva para ser sincero contigo mismo.

                                                    Dra. San Román