Recientemente se ha publicado tanto en El Mundo como en El País un estudio que afirman lo siguiente:

Mujeres fumadoras: un 40% no tienen formación y un 20% son universitarias

Las conclusiones que podemos extraer saltan a la vista y explican esta evolución claramente:

  1.  En los primeros años del estudio no se conocían completamente los terribles efectos nocivos del tabaco. En esa época tampoco el tabaquismo era considerado una adicción, ni se entendía como tal. El fumar no estaba mal visto.

  2. Las compañías tabacaleras desplegaban un importante marketing de primer orden para que aprendiéramos a relacionar el tabaco con todo lo agradable de la vida: todos los héroes y guapos de las películas fumaban, las protagonistas femeninas más seductoras fumaban. Esponsorizaban eventos deportivos de primer orden como el tenis, la fórmula 1, el esquí o el fútbol.

  3. Nuestros padres, profesores y en general todos los adultos que nos rodeaban fumaban sin ningún tipo de cortapisa delante de los niños, comprándoles incluso cigarros de chocolate para que el niño realizara el gesto de fumar como algo gracioso.

  4. A través del mecanismo de las neuronas espejo del que hemos hablado otras veces, nuestro cerebro grababa todo esto y en cuanto teníamos oportunidad nos empeñábamos en fumar. Y digo empeñábamos, porque aunque el primer cigarro nos sabía mal y nos mareaba el humo, seguíamos insistiendo hasta conseguirlo. Queríamos seguir el ejemplo que habíamos visto en el mundo adulto que nos rodeaba, queríamos ser mayores y sentirnos importantes.

  5. Cuando la mujer se incorpora al mercado laboral, empezando a independizarse y como parte de este proceso de reafirmación mal entendida, empieza también a incorporarse al tabaquismo. También quiere sentirse importante, independiente, segura de sí misma y utiliza los patrones que ha aprendido de lo que ha visto en el comportamiento de los hombres.


  6. Pasa el tiempo y empiezan a descubrirse y a estudiarse en profundidad los enormes efectos dañinos del tabaco y se incorpora lo que hasta ese momento era considerado como un mal hábito, al terreno de las adicciones, definiéndose la adicción a la nicotina. Empezamos a entender que no fumamos porque queramos ni porque nos guste, sino porque somos adictos.

  7. A partir de ese momento desde la OMS y los gobiernos de cada país empieza una lucha contra un enemigo que causa muchas bajas y mucho sufrimiento: el tabaco. La gente empieza a concienciarse de la enorme magnitud del problema y del terrible daño que sobre su salud causa el tabaco.

Es en este momento cuando el índice de tabaquismo empieza a bajar, sobre todo entre aquellas personas con mayor nivel educativo y por tanto con mayor formación, que empiezan a considerar su salud como un bien preciado del que tienen que cuidar, incorporando a sus vidas hábitos saludables y desterrando los tóxicos.

Está claro, pues, que la educación a todos los niveles es la mejor arma para luchar con todo aquello que nos daña y nos priva de nuestra libertad, sin darnos nada bueno a cambio, sólo la triste recompensa que todo adicto recibe cuando consume la droga que le tiene sometido.

ESTUDIO REALIZADO POR: Grupo de Investigación Epidemiológica de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), elCentro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), laUniversidad John Hopkins (Estados Unidos) y el Instituto Catalán de Oncología (ICO).

Dra. San Román

Subdirectora de Centro Médico Aupa

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