ABC: Los cigarillos electrónicos no ayudan a dejar de fumar. 

Claramente son un problema, y me alegro enormemente que, por fin, en la Conferencia Internacional de la Sociedad Torácica Americana se diga de manera rotunda. Siempre he estado personalmente en contra de ellos, nunca me pareció una buena, ni siquiera aceptable, solución ni ayuda para dejar de fumar.

Y ahora os enumeraré algunos de los múltiples motivos por los que nunca he apoyado su uso:

  1. Las neuronas espejo. Hemos hablado alguna vez de ellas, son las que se activan cuando yo hago algo o cuando los demás lo hacen. Si no recomendamos estar con gente que fuma cuando uno intenta dejarlo, ¿quién puede explicar cómo recomendamos perpetuar algo que nos va a estar recordando siempre al tabaco? Es como si a un adicto al alcohol le diéramos una botella de ron llena de un líquido para paliar su ansiedad o a un ludópata unas cartas con dibujos diferentes, no haríamos más que aumentarla y prolongarla. Inconcebible.

  2. Eliminar la parte gestual de nuestra adicción. Una de las primeras cosas que piensa alguien cuando va a dejar de fumar, aparte de la angustia de dejar al “compañero” de tantos años, es “¿qué voy a hacer ahora con las manos?”… El fumar es también un ritual. Lo que hacemos con este tipo de cigarrillos es perpetuarlo y, por tanto, mantenerlo vivo en nuestra memoria.

  3. Continuar usando el cigarrillos electrónico para lo mismo que usábamos el normal, como mecanismo de afrontamiento ante distintas situaciones: enfados, nervios, conflictos, aburrimiento e incluso ante alegrías. Es decir, es no entender que además de una adicción física, el fumar tiene un gran componente psicológico que debemos afrontar para conseguir dejarlo. Y esto sólo lo haremos si entendemos para qué lo utilizamos, y aprendemos a prescindir de él como bastón en el que apoyarnos. No lo necesitamos, esto es lo más importante que tenemos que comprender y asimilar.

  4. Por salud. Conocemos las más importantes sustancias nocivas que contiene el tabaco y los efectos de su consumo en nuestro cuerpo por la exigente regulación que existe respecto a él. No podemos decir lo mismo de este otro tipo de cigarrillos. Como bien dice el doctor Daniel Sullivan en el artículo: “los cigarrillos electrónicos aún tiene que someterse al mismo nivel de escrutinio que el tabaco”. Incluso, en los estudiados hasta ahora, se han encontrado sustancias susceptibles de ser cancerígenas y en las mismas concentraciones que en los cigarrillos normales.

  5. Por ejemplo. No debemos olvidar algo en lo que siempre hago especial hincapié: somos el referente de nuestros hijos, sobrinos, de los niños en general. Si utilizamos este tipo de cigarrillos no habremos ganado la batalla, les seguiremos enseñando que necesitamos fumar para ser personas seguras de nosotros mismas, les seguiremos enseñando que necesitan cosas externas y nocivas para convertirse en adultos, les seguiremos enseñando a no comprender que todo lo que necesitan para enfrentar su vida y ser felices está dentro de ellos, no fuera.

Por estas cinco poderosas razones es por lo que siempre me he declarado en contra de “vapear”.

Dejar de fumar es fácil si entiendes cómo hacerlo y sólo te aportará beneficios: mejorar tu salud, aumentar la confianza en ti mismo, subir tu autoestima, disfrutar por fin de la sensación de ser totalmente libre y de no depender de nada y aprender a conocerme mejor a mí mismo al entender por qué y para qué utilizaba el hecho de fumar.

Este es el camino. Tomemos pues la decisión de prescindir de todo tipo de cigarrillos. No olvidemos que tropezar no es malo, encariñarse con la piedra sí.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA