Define vacación la RAE como 

“El descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios”.

Deberíamos entender, pues, que el componente fundamental de las vacaciones es el descanso. Pero en muchos casos no es así, se asocia vacaciones con diversión, entendiendo ésta en su concepto de excesos. Por supuesto que no seré yo la que diga que no hay que disfrutar en nuestra época vacacional, faltaría más, lo que debemos de revisar es qué entendemos por diversión. 

En Centro Aupa, y en general todas las personas que nos dedicamos al tratamiento de adicciones, sabemos de lo peligroso de este período, y no me refiero sólo al verano, sino a cualquier fase de vacaciones: Navidad, Semana Santa, verano… Toda época en la que consideremos que “debemos” divertirnos de la manera que lo hace la mayoría, o eso es lo que creemos. Es en esos momentos donde la recaída de un adicto puede ocurrir, veremos el porqué: 

  1. Una gran parte de la juventud, y del resto de la población, comete el error de relacionar diversión con alcohol, y entiende por divertirse emborracharse, siendo la mayor parte de los planes, por no decir todos, relacionados con beber. Es evidente que para un adicto al alcohol estar viendo a su alrededor a gente bebiendo (en las terrazas en verano o en las comidas y cenas navideñas), y viendo anuncios de alcohol que en esa época aumentan, puesto que los publicistas saben lo que ocurre, no ayuda sino todo lo contrario. Resurge la idea de “sentirme o ser diferente a los demás” o de perderme la “diversión” asociada a beber. 

  2. Pero no sólo es importante para los adictos al alcohol. No olvidemos que el alcohol es lo que denominamos una “droga portera”, es decir, abre la puerta a las otras, así ocurre que favorece la posibilidad de recaída para un adicto a la cocaína o a cualquier otra droga. El alcohol amplía nuestro nivel de permisividad y nos relaja respecto a la percepción de lo que es peligroso, así pues quedamos mucho más expuestos a caer en la tentación del consumo, ya que habremos reabierto, al beber, una vía de obtención de bienestar que nuestro cerebro tenía olvidada. 

  3. Normalmente se acompaña el beber con fumar, y hacer las dos cosas de manera excesiva, así también alguien que haya conseguido dejar de fumar, en esta época tendrá más riesgo de tener apetencia por volver a hacerlo. No olvidemos que los receptores nicotínicos son los mismos para el alcohol y la nicotina, de ahí la abrumadora relación entre un consumo y otro, que llega a ser de casi el 99 %, prácticamente todos los adictos al alcohol fuman. 

  4. El trasnochar lleva consigo dormir de día, cosa que sabemos que no es la adecuada puesto que necesitamos la oscuridad para que nuestro cuerpo sintetice melatonina, sustancia fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro sistema endocrino y, por tanto, de nuestro organismo en general. Y además, porque al dormir de día no conseguimos el ambiente adecuado para un descanso reparador: luz, ruidos, tráfico… El no tener un adecuado descanso repercute en nuestro estado emocional, dejándonos en una situación de mayor inestabilidad y, por tanto, menor capacidad decisoria sobre lo que es correcto o adecuado y lo que no. 

  5. Insisto en la importancia del entorno, aunque creamos que debemos demostrar y poner a prueba nuestra decisión y nuestra fuerza de voluntad. Nada más equivocado, todo lo contrario. Debemos ser conscientes de lo que nos puede influir y evitarlo, debemos protegernos. Además, deberíamos saber que ese no es el ambiente en el que debo moverme, debo haber desarrollado a mi alrededor una muralla protectora, hecha de cosas que me ayuden, me reafirmen en mi decisión y con las que sea feliz: nuevos amigos, nuevas aficiones, nuevo horario o rutina de vida que suponga vivir de día y dormir de noche, ejercicio, vida al aire libre… Todo ello constituirá mi escudo frente a las múltiples tentaciones que puedan aparecer. También así descubriré que hay otra forma de aprovechar las vacaciones, que es para hacer todo aquello para lo que a veces me falta tiempo el resto del año.

Y recuperar el verdadero sentido de las vacaciones: descansar. 

Decía Séneca que

“No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho”.

Aprendamos a aprovechar y disfrutar de cada momento de nuestra vida, pero sin olvidar que para ello debemos estar plenamente conscientes y en las mejores condiciones.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA