El placebo y la psicoterapia son mejores que los antidepresivos para tratar la depresión.

Vemos en el artículo anterior que existe, por parte de un grupo de psicólogos, un replanteamiento en cuanto a cuál debe ser el tratamiento para la depresión. También se habla del conocido efecto placebo y de la necesidad de incorporar como parte del tratamiento, además de la medicación, otras cosas como la psicoterapia o el ejercicio físico. He de decir que todo esto es algo que en Centro Aupa hacemos desde hace tiempo, pero para intentar aclarar un poco las cosas intentaré resumir en varios puntos la realidad sobre este controvertido tema:

  1. Efecivamente existe una clara y demostrada relación entre el sistema nervioso, el sistema inmunológico y el sistema hormonal, esta es la explicación del famoso efecto placebo. Este no es más que un efecto que resulta de las expectativas implantadas en nuestro cerebro a consecuencia de estímulos anteriores. Si creemos que vamos a mejorar, mejoraremos, si esperamos un determinado efecto de un fármaco, lo notaremos… Nuestro cerebro es capaz de generar opiáceos por sí sólo y bajo este influjo lo hace. Es como si en nuestro cerebro hubiera siempre una “reserva” de fuerzas que no se agotan totalmente, y que el efecto placebo lo que hace es dar permiso para acceder a ellas y que se utilicen. De la misma manera existe el efecto nocebo, si espero lo peor, empeoraré. Este es el que justifica, por ejemplo, lo que ocurre en el vudú: “si el hechicero decide que vas a morir y crees firmemente en eso, morirás”.

  2. Precisamente por esa interrelación de la que hablábamos antes, nuestro estado emocional influye de manera determinante en nuestro estado de salud. Si estoy ansioso, angustiado o padezco estrés crónico, enfermaré con casi total seguridad, convirtiéndose esto en un círculo vicioso difícil de romper, puesto que el sentirme enfermo o con peor estado de salud me deprimirá más. No olvidemos que la OMS considera que en unos años la depresión será la segunda causa de invalidez en el mundo.

  3. Vemos un significativo aumento de depresiones, diagnosticadas y tratadas en los últimos años. Es evidente que esto no ocurre porque sí. Creo sinceramente que vivimos una alarmante medicalización de nuestras vidas. Soportamos mal el dolor o la frustración y acudimos a los fármacos como una manera de “anestesiar” estas sensaciones que nos resultan desagradables. Hemos desarrollado pocas herramientas propias para enfrentarnos a estas situaciones, nadie nos ha enseñado cómo hacerlo y así, sin saber qué hacer, acudimos al médico para que nos alivie nuestra angustia con medicamentos. Este no es el camino. Soy médico y, por supuesto, conozco y creo en la utilización de los fármacos cuando son necesarios, pero también sé que no curan muchas veces lo que nos genera esa sensación de infelicidad. Sí que se cura aprendiendo a saber entender qué me pasa y porqué, a enfrentarme mis miedos, a superarlos y a seguir adelante sabiendo que la vida es una sucesión de acontecimientos buenos, pero en la que también encontraré dolor, pues forma parte del viaje. Debemos aprender a vivir de verdad, a saber disfrutar de todo lo bueno que tenemos y a superar lo malo, sin fármacos, con nuestro cerebro, que es capaz de hacer esto y mucho más.

  4. Tenemos que aprender que tenemos a nuestro alcance muchos tratamientos naturales para combatir los estados de ánimo negativos. En estudios realizados en personas centenarias se comprobó que mantienen un sistema inmunitario joven por tener una vida satisfactoria que lo provoca y que fundamentalmente consiste en: dormir bien, realizar ejercicio físico de manera continuada, tener una dieta adecuada (frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado…), realizar ejercicio intelectual, tener unas buenas relaciones sociales (no olvidemos que somos animales gregarios) y por supuesto, no tóxicos (alcohol, tabaco, otras drogas).

En resumen, se trataría de ser capaces de aprender a identificar y manejar nuestras emociones, de desarrollar una tolerancia a la frustración que nos permitirá superar los malos momentos, de mantener unas buenas relaciones afectivas que nos sirvan de soporte y ayuda y de conseguir que nuestra vida sea lo más parecida posible a la que imaginamos, pero entendiendo que esto es un trabajo que yo debo realizar, no algo que la “vida” me tiene que proporcionar. Y esto hará que realmente se traten con medicación sólo aquellas depresiones mayores que realmente lo requieran.

No olvidemos lo que decía Benjamín Franklin:

“La felicidad humana no se logra con grandes golpes de suerte que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA