Javier nació sin las extremidades superiores y acaba de obtener el carnet de conducir además de ser campeón de natación y nos dice:

“con mis pies he llegado muy lejos”·

La mayoría de nosotros al leer esta noticia pensaremos que Javier es un superhombre y que este tipo de cosas sólo las pueden hacer personas muy especiales. Y, por supuesto, que nosotros seríamos incapaces. Pues no es verdad, este pensamiento es sólo una de las muchas creencias irracionales o ilógicas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestras capacidades. Como él mismo dice:

“no le veo más mérito, hago lo que hace cualquier persona normal”.

Sólo se equivoca en una cosa, no hace lo que cualquier persona normal hace, sino lo que podría hacer. Todos somos capaces de hacer cualquier cosa que nos propongamos, siempre que le dediquemos el esfuerzo necesario. Muchas veces oímos decir esa frase tan manida de “a mí eso no se me da bien”. También es falso pero nos condiciona. Creemos que no tenemos aptitudes para algo y cuando intentamos realizarlo y nos sale mal, renunciamos sin más y reforzamos nuestro convencimiento de que no se nos da bien y probablemente no volvamos a intentarlo.

Con este pensamiento erróneo dejamos de hacer y de disfrutar en la vida de muchas cosas, sobre todo de una sensación que resulta muy gratificante y que te da seguridad y confianza en ti mismo por encima de todo: la certeza de PUEDO HACER LO QUE ME PROPONGA. Una vez que uno la descubre, no hay sensación que se le pueda igualar.

Muchos de vosotros estaréis pensando ahora que soy muy optimista, y que no es verdad. Pues sí lo es. Mirad a Javier ¿Alguno de vosotros podría imaginar que se puede conducir sin brazos ni manos? Pues se puede. ¿Y comer, asearse o escribir? Pues también se puede. Si todos fuéramos conscientes de que con paciencia, tesón y esfuerzo podemos conseguir hacer todo lo que imaginemos, nuestras vidas serían mucho más ricas en experiencias. No tendríamos las limitaciones que nos ponemos nosotros mismos. Saldríamos de una vez por todas de esa frustrante “zona de confort” que tanto nos condiciona la vida. Vivir en ella supone sólo hacer lo que sabemos hacer y siempre hacemos, ir a los sitios de siempre y con las mismas personas porque así es como nos sentimos cómodos y seguros, sin intentar ir más allá o plantear nada nuevo. Al final lo que vemos es que es el miedo el que subyace debajo de todo esto. Es nuestra falta de confianza en nosotros mismos y nuestras inseguridades lo que hacen que nos rindamos antes de intentarlo siquiera. Nuestro pensamiento debería ser todo lo contrario: si otros lo hacen, yo también puedo.

Ojalá, como Javier, todos seamos capaces de pensar: no tengo brazos ni manos, pero buscaré la manera de hacerlo y LO HARÉ.