En el camino que hay que recorrer para superar una adicción, muchas personas se plantean: “¿realmente soy libre?” Libres de hacer lo que están haciendo. Si lo hacen porque “les gusta”, “les apetece” o si están siendo controladas por la propia adicción y privadas de libertad al no poder elegir verdaderamente si realizar la conducta o no.

Para entender esta interesante y aparentemente contradictoria cuestión, os queremos plantear un ejercicio sencillo. Lee detenidamente esta lista de valores:

Respeto, amistad, amor, compromiso, coherencia, generosidad, amabilidad, alegría, responsabilidad, cariño, dignidad, sinceridad, equilibrio, tolerancia, autenticidad…

Y ahora escribe en una hoja lo siguiente:

  • Las palabras con las que te identificas o las que crees que son importantes para ti.
  • Seguidamente, escribe cuál o cuáles crees que se ven afectadas a causa de cualquier conducta compulsiva o automática que te gustaría cambiar o adicción si crees que es el caso.

El resultado seguramente te sorprenda. Y es que con toda probabilidad, uno encuentra incongruencias entre lo que dice (o piensa) y lo que hace. Y en una adicción, esta circunstancia se hace mucho más evidente ¿Por qué sucede esto?

Porque somos mucho menos libres de lo que creemos. Y porque la libertad desde luego no es hacer lo que se quiere en todo momento sino poder elegir entre varias opciones la que es más beneficiosa en términos de bienestar y equilibrio. Por ejemplo, aunque beber unas copas puede parecer una buena opción en el momento para eliminar ansiedad, divertirse, socializar, etc… Es evidente que no es saludable ni permite ser plenamente conscientes de lo realmente está sucediendo.

Si nuestra conducta está controlada por impulsos inconscientes no somos tan libres como pensamos. Por tanto, parece razonable que para conservar el mayor grado libertad posible es necesario romper estos automatismo siendo más consciente de nuestras elecciones. Y desde esa capacidad de discernimiento (que poseemos todos una vez salimos del modo automático), analizar nuestros valores y actuar en sintonía con ellos.

Si queremos que nos traten con respeto, desarrollar la capacidad de ser responsables para poder cumplir nuestros proyectos de vida, que nos quieran, que nos comprendan desde la sinceridad y no desde el miedo o la mentira, etc… Debemos empezar por nosotros mismos. Y para ello es imprescindible reducir al máximo la distancia entre lo que sentimos que es bueno para nosotros, tanto con la cabeza y como con el corazón y, por otra parte, lo que nos dictan nuestros impulsos, la mayoría de las veces egoístas y encaminados al placer inmediato y al mínimo esfuerzo.

La libertad se aprende en la escuela de la responsabilidad, la coherencia y el compromiso por ser uno mismo. Y en el recreo de este “colegio” está la felicidad. ¿Te quieres matricular?

¡¡¡Llámanos sin compromiso!!!

Marta Blázquez

Terapeuta Centro Aupa