El otro día mi padre me llamó para consultarme un problema que no le dejaba dormir. La solución no era sencilla pues pasaba porque una de las dos partes involucradas en el susodicho problema se sintiera triste y decepcionada por el otro. Mi padre no estaba conforme con el veredicto final: “Papá, esta historia no tiene un final feliz. Tienes muchas opciones pero todas ellas crearán incomodidad para alguien. El auténtico problema es no saber gestionar esa incomodidad”.

Y es que, queridos amigos, aquí no hemos venido para ser felices porque estar constantemente intentado ser feliz será, precisamente, el motivo de nuestra infelicidad. Hemos venido para recorrer un camino y como decía Machado, hacer camino al andar, aprender cada día de todo aquello que nos va sucediendo y gestionar aquellas emociones buenas y malas que surgen en este mágico viaje llamado VIDA.

Cuando nacemos, empiezan a ponernos zanahorias que nos harán continuar en esa búsqueda incesante e infructuosa de lo que nos hará felices. Cuando camines, cuando hables, cuando vayas al cole… Serás feliz. Pues no. No era eso. Cuando tengas novi@, cuando trabajes, cuando te cases, cuando tengas un hijo… Vaya hombre, pues tampoco estaba por aquí la dichosa felicidad.

¿¿Y qué nos estamos perdiendo por el camino que nunca nos sentimos realmente bien??

Pues eso precisamente: el camino.

La auténtica felicidad está en caminar, en gestionar cada día lo que venga con aceptación. 

Ser feliz es disfrutar de este viaje. Y si cabe la ira en nuestro corazón es porque cabe el amor también. Hay luz porque hay oscuridad. Sentimos alegría porque sentimos tristeza. Odiamos porque tenemos la capacidad de ser compasivos. La resistencia a las emociones negativas y el apego a las positivas es lo que nos genera tanto sufrimiento. Si ahora mismo os sentís felices, eso está muy bien. Pero es una experiencia, una emoción y como tal cambiará. Y vendrá la tristeza. Y después la alegría de nuevo…

No existen los cuentos de princesas en los que siempre hay un final feliz lleno de amor, paz, felicidad, alegría y un largo etcétera de adjetivos que no tienen sentido ni posibilidad de ser sin su antagonista. Todo, absolutamente todo, cambia constantemente. Nada permanece. 

Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado… Porque nuestras princesas seguirán caminando por la vida y quién sabe si su situación les hará crecer y superarse (yo apuesto a que SÍ).

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