Leemos en el artículo de

[HYPERBOLE] en qué consiste este síndrome estudiado por Krugger y Dunning, psicólogos de la Universidad Cornell de Nueva York. El síndrome de Dunning-Krugger establece que las personas con escaso nivel cultural e intelectual tienden a considerarse mucho mejores de lo que son. Seguro que todos tenemos a varios candidatos en mente que cumplen con esta definición. Es evidente que, por desgracia, abundan bastante más que el caso contrario. Son personas pagadas de sí mismas, que hablan de prácticamente todos los temas y con seguridad, que escuchan poco y que creen tener siempre la razón. Intentemos ver qué podemos hacer para no llegar a convertirnos en alguien así. A continuación os propondré lo que yo considero es el mejor tratamiento para el síndrome de Dunning-Kruger, son siete píldoras que deben tomarse de manera regular y continuada, pues es posible que si se suspende el tratamiento, reaparezca la enfermedad:

  1. Mira a tu alrededor. Aprende a observar y copia lo bueno, no sigas a la manada, puede resultar cómodo y tranquilizador pensar que “todo el mundo está igual”, pero no te va ayudar personalmente a nada, más que a convertirte en un borrego más. Intenta aprender qué hacen aquellas personas a las que admiras e imítalas.

  2. Viaja. Pero viaja sabiendo lo que haces, no se trata de pasar por los sitios por contar que he estado y para hacer fotos para publicar en las redes sociales, viajar es otra cosa. Es conocer previamente el lugar al que voy, leer algo sobre su historia, sitios que conocer, costumbres, gastronomía… Y llegar y procurar integrarme. No seguir manteniendo mis costumbres aunque esté en el Polo, no cerrarme a aquello que sea distinto, pues si hago esto, mi viaje no habrá servido de nada, será dinero tirado. El viajar, si aprendo a ser capaz de salir de “mis cosas”, nos hace personas más sabias al entender que mi forma de vida, mi manera de pensar y mis costumbres son sólo unas más de las muchas que hay, ni mejores ni peores, y que el que las tenga sólo depende del lugar de nacimiento. Esto me convertirá en una persona más tolerante.

  3. Lee. El leer nos trasporta a otros lugares, a otras épocas, a otras maneras de pensar… Es el sustituto perfecto si no puedes viajar. A través de los libros puedes recorrer todo el mundo, aprender historia, comprender situaciones que nunca has vivido, conocer temas que de otra manera es difícil que lo hicieras… Es, en fin, abrir tu mente a cosas que no son sólo el mundo que te rodea.

  4. Aprende a escuchar. Si siempre creo que yo sé más que nadie de un tema o que siempre llevo la razón es seguro que no lo haré. Haz el ejercicio de callar y dejar hablar a los demás. Pero sobre todo, procura rodearte de personas interesantes, a las que merezca la pena escuchar, y aprende de ellas. No te rodees de necios porque entonces tu mundo se habrá encogido hasta casi convertirse en una canica: con aparentes colores pero muy pequeño, sin posibilidad de ser cambiado, aburrido, sin mejoras, ilusiones o futuro. Configura tu mundo con personas de las que aprendas, no tienen que ser académicamente brillantes, sólo tienen que ser personas que hayan vivido la vida y hayan aprendido a saber en qué consiste: de ellas aprenderás seguro cada día algo nuevo.

  5. Sé humilde. Sólo si has cumplido los puntos anteriores sabrás que hay millones de cosas por aprender, por conocer, por hacer… Y serás consciente por tanto, de lo poco que sabes. Esto no tiene que tener el efecto de deprimirte, todo lo contrario, de ilusionarte por todo lo que la vida te puede ofrecer, pero también te hará ser consciente de lo poco que en realidad sabes y de lo mucho que te queda por aprender Decía Paul Bernard que

    “El conocimiento acrecienta nuestro poder en la misma proporción que disminuye nuestro orgullo”.


  6. Practica la empatía. Define la Rae la empatía como” el sentimiento de identificación con alguien”, por tanto practicar la empatía supone intentar ponerme en el lugar del otro. Todo el mundo presume de tener empatía entendiendo ésta como ser capaz de escuchar un problema de alguien y ponerme triste también. No es esto, es algo mucho más difícil y complejo, no sólo tengo que tener empatía con mis amigos, sino con aquellas personas que no me caen bien, con aquellas con las que no comparto nada, tengo que intentar ponerme en su lugar aunque no comparta su comportamiento. Si de verdad practico la empatía, si de verdad como dice el dicho antes de juzgar el camino que ha recorrido alguien me “pongo sus zapatos”, dejaré de creerme que estoy en posesión de la verdad y de rechazar todo aquello que es diferente, seré una persona más prudente y mejor.

  7. No te conformes, no te ates a la mediocridad. La vida de la mayor parte de nosotros consiste en la repetición de una serie de actos repetitivos y sabidos de antemano con exactitud matemática. Por el camino hemos perdido nuestros sueños, proyectos e ilusiones. Es la consecuencia de esa funesta mentalidad que resume el conocido refrán: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Borremos de nuestra vida esta idea, venzamos el miedo, luchemos contra la falsa comodidad que nos mantiene atrapados en esa terrible “zona de confort” y arriesguémonos. No estamos hechos para vivir en la insatisfacción ni en la frustración. Por eso rodéate de personas que te empujen, que te estimulen, que te digan que es posible otra vida. Sólo así obtendrás la mejor versión de ti mismo y te alejarás de la cerrazón y la estupidez.

Todos podemos hacer de nuestra vida algo diferente. No olvidemos que cuando eres un buen observador, todo el mundo es tu maestro.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA