¿MAGIA O MILAGRO?

La lectura de este artículo: Los médicos denuncian a la Fiscalía 90 webs de ‘pseudoterapias'”me remite a lo peor y más bajo del ser humano: el aprovechamiento de la indefensión o extrema necesidad de un semejante. Esto es lo que han hecho estos dos catedráticos de la Universidad de las Islas Baleares, que bajo el auspicio y confianza que ofrecen sus cargos comercializaron con una supuesta medicina contra el cáncer, habiéndose embolsado en el lucrativo negocio unos 600.000 euros. Es terrible, lamentable y repugnante. Nos podemos preguntar cómo alguien se puede aprovechar de la desgracia ajena. Muy sencillo, los desaprensivos saben que es precisamente en ese momento en el que somos más vulnerables. No olvidemos que nuestro cerebro no busca la verdad, sino nuestra supervivencia. Y es, precisamente aprovechándose de esta realidad, sobre la que aparece toda esta economía del medicamento mágico o la curación milagrosa, y es precisamente por ese motivo por el que pueden caer todo tipo de personas: cultas, ignorantes, ricas, pobres, inteligentes….. La proliferación de este tipo de terapias es lo que se intenta impedir desde las administraciones, que creo que hace tiempo ya que deberían haber intervenido. Nunca he podido entender que los médicos que abrimos una consulta seamos examinados con lupa por ser centros dedicados a la sanidad, cosa que me parece muy bien, pero a la vez convivamos en la misma ciudad con montones de centros que, bajo nombres de lo más diverso y bajo la engañifa de lo natural, lo alternativo o lo esotérico, tratan temas médicos sin ninguna capacitación ni ningún control. Es posible que haya médicos más torpes que otros, pero no olvidemos que el peor de ellos ha superado una selectividad con un expediente escolar alto y ha cursado seis años de una dura carrera. Insisto, aceptando que hay mejores y peores profesionales, tanto en lo que respecta a sus conocimientos como a su honradez o profesionalidad. Pero lo que sí puedo asegurar, es que ninguno de esos curanderos será el que cure un cáncer o trate ningún tipo de enfermedad grave. Hoy en día la medicina es una ciencia con conocimientos globalizados, no hay ninguna cura maravillosa en Estados Unidos o en cualquier otro sitio que aquí desconozcamos. Puede haber expertos especializados en determinadas patologías, y que por el mayor número de enfermos que ve, tenga más experiencia, pero no más conocimientos.

           Si hablamos de adicciones, que es lo que veo en nuestros pacientes de Aupa, cuando a veces vienen de otros centros, la historia es la misma. En este tipo de enfermos, y en la desesperación de sus familias, es donde mucho desalmado ve una mina de oro. La adicción es una enfermedad crónica, en la que el paciente hasta que se plantea ponerse en tratamiento, hay un largo camino de problemas, conflictos, peleas, tristeza, angustia…., para él y los que le rodean. He visto anuncios de centros que ofrecen la “curación” en un día, en una sesión, por los más diversos e increíbles métodos. Y las familias acuden, llevan a su familiar, empujados por la desesperación y la necesidad imperiosa de que la pesadilla se acabe y su ser querido vuelva a ser el que era antes. Y es por esto por lo que caen en la trampa, porque en el fondo, todos preferimos la rapidez, la inmediatez del resultado, la facilidad del no esfuerzo. Y queremos creer en gurús en pleno siglo xxi, en el método infalible que sólo conoce un señor, que no comparte por supuesto con el resto de la comunidad científica ni con la humanidad, y que lógicamente tiene un precio desorbitado, nunca es barato ni gratis, pese a la supuesta “bondad” del responsable. Si además tenemos en cuenta que suelen carecer de los permisos sanitarios oportunos y de las autorizaciones administrativas pertinentes, que no facturan legalmente, sino que suele ser pago en efectivo y en negro, el negocio está servido. Pero no olvidemos que por terrible que nos parezca, no es más que eso, un vil y espantoso negocio, sustentado en la desgracia ajena. Aunque no negaré que también veo en algunos centros autorizados y en profesionales acreditados, poca honradez y mucha demagogia. En la adicción no hay curas milagrosas, hay una enfermedad crónica que en primer lugar hay que reconocer y luego hay un tratamiento en el que se busca entender el porqué se produjo y el cómo evitarlo. No hay milagros. Y esto se hace basándose en los últimos conocimientos que sobre el funcionamiento del cerebro nos proporcionan los múltiples estudios neurocientíficos que se desarrollan a nivel mundial y que, puntualmente, llegan a todos los médicos del mundo. Este es el único camino si lo que queremos es que esa persona entienda qué hace mal y cómo aprender a hacerlo bien, y de paso, a rectificar y modificar o ampliar, conceptos, prejuicios, ideas erróneas que ni siquiera éramos conscientes de que teníamos.

Como decía Quevedo:” Nadie ofrece tanto como el que no tiene intención de cumplir”. Procuremos no olvidarlo.

                                               Dra. San Román