«LA COMPASIÓN COMO ANTÍDOTO AL ODIO»

El pasado día 16 de noviembre nos despertamos con una noticia estremecedora: Steven Frank, un vagabundo de 51 años murió en Málaga víctima de un linchamiento y con claros signos de aporofobia (odio a las personas pobres). Entre otras muchas barbaridades, Frank apareció con sus genitales dentro de una lata de atún.

Según el artículo publicado en el diario El Mundo este mismo día, la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa) publicó un informe sobre los delitos de odio en Europa. Lo relevante de esta investigación es que las propias víctimas no denuncian, porque piensan que no les van a tomar en serio.

Este artículo lo voy a centrar precisamente en la aporofobia, la acción de insultar, humillar y mofarse en este caso de las personas sin techo, y no me voy a detener en datos ni en los distintos tipos de humillación, sino que tomando este artículo como referencia, voy a hablar de lo que entiendo que sería “el antídoto” para este tipo de comportamientos.

¿Qué lleva a un cerebro humano a cometer estas atrocidades? ¿Qué es lo que falla en el cerebro para que una persona haga pis sobre un vagabundo? ¿por qué una persona que tristemente tiene que dormir en la calle es vista como basura por estos cerebros que llegan a prender fuego a sus limitadas pertenencias incluso a las propias personas?

Cuando un cerebro no entrenado en compasión entra en contacto con el denominado discurso del odio (hate speech) definido como “toda forma de expresión que difunda, incite, promueva o justifique el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otras formas de odio basadas en la intolerancia” es cuando existe el riesgo de que el individuo manifieste su tendencia aporofóbica.

En el ámbito profesional definimos compasión como un comportamiento dirigido a eliminar el sufrimiento y a producir bienestar en quien sufre, justo lo contrario.

Por tanto, si creamos una sociedad más compasiva desde la educación en la escuela, conseguiremos erradicar este tipo de comportamientos aporofóbicos.

En la compasión tenemos tres componentes:

  1. Un componente emocional que, ante la presencia de un estímulo, nos provoca un impulso de actuar. Por tanto la compasión es una emoción que surge ante la percepción del sufrimiento ajeno y nos provoca un impulso dirigido a paliar el sufrimiento que percibimos. La conducta compasiva genera fuertes reacciones emocionales asociadas al sistema neurológico del bienestar.
  2. Un componente conductual que incluye el compromiso y la decisión de realizar acciones dirigidas a eliminar el sufrimiento
  3. Un componente cognitivo que incluye varias facetas: la atención al sufrimiento ajeno, la evaluación de ese sufrimiento, y la evaluación de nuestras capacidades para intervenir eficazmente y poder paliarlo.

O sea, promover desde el ámbito educacional conductas compasivas que eviten que el cerebro atienda al discurso del odio

Todo el equipo de Centro Médico AUPA estamos listos y preparados para ayudarte.

Feliz Vida Nueva !!!

Fernando Gallego

Psicólogo Centro Médico AUPA