En el último número de la prestigiosa revista Investigación y Ciencia (enero 2015) aparece un artículo en la portada sobre “Neurociencia de la Meditación” que explica los efectos cerebrales y psicológicos de las prácticas contemplativas.

Dos neurocientíficos y un monje budista (inicialmente formado como biólogo celular) se unen para intentar explicar, a través de numerosos estudios, cuáles son los beneficios cognitivos y emocionales que podemos lograr practicando meditación y como puede, en definitiva, esta práctica mejorar nuestra salud e incrementar nuestro bienestar.

El cerebro adulto puede seguir transformándose profundamente durante toda la vida a través de la experiencia. Esto se ha podido comprobar, por ejemplo, cuando aprendemos a tocar un instrumento. La región del cerebro que controla el movimiento se va agrandando a medida que aumenta el dominio de dicho instrumento. Cuando meditamos parece ocurrir un proceso similar. Se produce una mejora interna en el cerebro del meditador que le permite regular más eficazmente sus estados mentales. Se observa una reorganización de los circuitos cerebrales que produce efectos saludables no solo en la mente, sino en todo el cuerpo.

Por tanto, un entrenamiento regular y constante en este tipo de técnicas de atención focalizada, consciencia plena y otras dirigidas a cultivar sentimientos como la compasión y la benevolencia pueden ser un apoyo terapéutico notable en personas que padecen stress, ansiedad, dolores crónicos, depresión o una adicción.

Cuando una persona es adicta a una sustancia o a una conducta, una de las primeras consecuencias es la pérdida de autocontrol y la escasa regulación emocional que el individuo percibe a causa del consumo o de la realización de la conducta. Otros efectos colaterales importantes y muy frecuentes son el abandono físico, la desconexión con el cuerpo, el descenso del nivel de empatía y de compasión por los que rodean al adicto (llega un momento en que la búsqueda y/o consumo de la sustancia o planificación /realización de la conducta les ocupa la mayoría del tiempo y pierden todo el interés por los demás).

cielo_azul1La práctica de la meditación puede aportar un mayor nivel de autoconsciencia, así como una mejor identificación de las emociones. Esto produce una desautomatización de la conducta (las adicciones ponen al individuo en modo automático) que permitirá a la persona “darse cuenta” de lo que está sucediendo. En el proceso de autoobservación que se lleva a cabo durante la meditación, las emociones se perciben más claramente y sin la “anestesia” que proporciona la droga o conducta adictiva. Este hecho puede ayudar también a prevenir una recaída al situar al sujeto en una posición más alerta de sí mismo.

Con todo esto, queremos concluir que la meditación lleva siendo objeto de estudio científico muchos años y que sus aplicaciones terapéuticas empiezan a ser muy considerables. Incluso con las necesarias precauciones y teniendo en cuenta que no todos los individuos se puedan beneficiar de ella del mismo modo (hay factores como el estado de salud, la motivación, la constancia del practicante, los profesores y los grupos de meditación que pueden influir en el resultado) hay suficiente evidencia científica sobre los cambios positivos que produce en la estructura y función del cerebro. Estos hallazgos apuntan a que las prácticas contemplativas podrían tener un efecto profundamente beneficioso en todos los aspectos del individuo y de la sociedad.