“La brújula emocional: entender la utilidad de las emociones ayuda a hacer de ellas una guía para nuestro camino”.  (EL PAÍS SEMANAL)

Como bien se dice en el artículo: “no ser conscientes de lo que sentimos puede conducir al sufrimiento y al fracaso en las relaciones sociales”.   He aquí uno de los mayores problemas en la actualidad del atormentado hombre del s.XXI: factores como la prisa, el estrés, la ansiedad, incluso la educación recibida… Nos dificultan el detenernos a analizar nuestros comportamientos con otras personas y con el mundo, impidiendo conocernos a nosotros mismos.

Quizá sea un acto involuntario por miedo a lo que podamos descubrir, por temor a llegar a ser conscientes de que deberíamos cambiar gran parte de nuestras pautas.

Por ejemplo, para proyectarnos de una manera más positiva, deberíamos:

Para desarrollar esa inteligencia emocional de la que hablamos y poder llegar a forjarnos una personalidad equilibrada y que se enmarque dentro del positivismo y la armonía, debemos cultivarla desde muy temprana edad. Ir aprendiendo desde niños quiénes somos, quiénes queremos ser, valorando de dónde venimos y meditando sobre por qué actuamos de una u otra determinada manera, modificando todo aquello que no nos beneficie. 

Por supuesto, seremos incapaces de alejarnos por completo de sentimientos como la tristeza, la rabia, el miedo, la incertidumbre, el enfado… Sin embargo, de lo que se trata es de aprender, de manera creativa, ciertas herramientas personales que nos sean eficaces para enfrentarnos a todas las posibles situaciones que nos provoquen estos sentimientos y conseguir sobrellevarlos, saltarlos, esquivarlos… Aprendiendo de ellos, cada vez más.   

En definitiva, entender nuestras emociones más básicas, el comprender por qué nos sentimos de una determinada manera en un momento dado, nos ayuda a manejar el rumbo de nuestra vida. 

Irene Ramírez

Colaboradora web