Leo impresionada la noticia de

[EL MUNDO] y me quedo impactada con la imagen de estos niños chinos ascendiendo por esas escalas de madera que, según reconoce la máxima autoridad del pueblo, tienen cientos de años y son de bambú, siendo sustituidas cuando se pudren. Ha habido muertes de varios miembros de esa comunidad al caer al vacío al intentar ascender por esas escalas y también numerosas personas heridas. Entonces es cuando surge la pregunta: ¿cómo es posible que niños de entre 6 y 15 años realicen ese espeluznante recorrido de dos horas sólo para ir a la escuela? He remarcado lo de sólo, puesto que para cualquier niño español, el hecho de ir al colegio es casi un castigo, y la felicidad sólo llega cuando hay vacaciones. Y eso, teniendo en cuenta que acuden en vehículos, sin pasar ninguna penalidad y acompañados siempre de una persona que les cuida. No olvidemos que estamos hablando de pequeños que tienen desde 6 años. El leer esta noticia me planteo varias reflexiones que comparto con vosotros: 

  1. La tremenda importancia de la educación para esa comunidad. Tanta que, para que sus hijos accedan a ella, permiten que pongan su vida en riesgo saliendo del pueblo situado en una montaña por el único camino que hay: las verticales escaleras de bambú en plena ladera. Son un pequeña y aislada población que vive miserablemente y cuyos mayores pretenden un futuro mejor para sus hijos, y saben que éste pasa porque tengan una oportunidad que sólo les llegará si reciben una buena formación que les permita competir con el resto de los ciudadanos chinos. Los niños aprenden que el ir a la escuela es imprescindible para su futuro y reciben el legado de que lo más importante es su formación, por encima incluso de su propia vida, que arriesgan para acudir a ella. Valoran de manera excepcional la educación que reciben. 

  2. El gran aprendizaje vital que para estos niños supone esta experiencia. Están aprendiendo, sin saberlo, cosas que son fundamentales para la vida: tolerancia a la frustración, control de impulsos, capacidad de superación, vencer los miedos, sentirse parte de un grupo, apoyado y arropado por el resto, aprender a no quejarse, darse cuenta de que hay cosas que cuestan mucho trabajo pero que si merecen la pena hay que hacerlo, no dejarse vencer por las adversidades… ¡Madre mía! Tantas y tantas cosas que me encantaría poder hablar con uno de esos pequeños y que nuestros pacientes de Centro Aupa también lo hicieran. Sería una gran lección para todos. Estoy segura de que esos niños conseguirán de mayores todo lo que se propongan, porque habrán aprendido desde pequeños a entender que si se quiere, se puede. Pero, por supuesto, no pretendo decir que ése sea el camino para hacerlo. 

  3. La gran injusticia y desigualdad que existe en la sociedad. No olvidemos que China es la segunda economía del planeta. Sin embargo, todavía alberga pueblos como éste donde el hecho de vivir y conseguir las cosas más básicas supone un logro obtenido con mucho sacrificio. No sólo estamos hablando del hecho de ir a la escuela, el pueblo de esta historia cuenta con muy pocos recursos, allí viven con menos de un dólar al día y sobreviven malamente del cultivo de nueces y pimientos. Y repito, eso perteneciendo a una de las mayores potencias mundiales. 

  4. La importancia de dar visibilidad a las cosas. En la era de la información y la imagen en la que vivimos, todo lo que no se conoce, no existe. O eso parece. Gracias al fotógrafo que acudió al pueblo y lo fotografió, y al periódico que lo publicó y, por supuesto, a lo impactante del hecho, la noticia y las imágenes se convirtieron en virales, dando visibilidad a los problemas de esta pequeña población rural. Esto ha supuesto que las autoridades chinas se desplazaran hasta allí para buscar soluciones, por lo que es probable que su situación mejore. Es algo que no debemos olvidar nunca: si creemos que se está cometiendo una injusticia, debemos luchar por darla a conocer y porque se corrija. Sólo así conseguiremos entre todos que el mundo mejore De hecho, esto me trae a la memoria una frase que leí en un anuncio el otro día.

“ UNO, el número de personas necesarias para cambiar el mundo” .

Para mí, es evidente que estos pequeños sí tiene claro aquello que decía Mandela:

“ La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Dra. San Román

Subdirectora Médica de Centro AUPA