HUMILDAD CONTRA IMPUNIDAD

Por desgracia hoy en día vemos, con mucha frecuencia: “la ilusión de impunidad”. Y ¿qué es esto?, algo muy sencillo, llegar a pensar que soy infalible y que puedo hacer lo que quiera. Como muy bien explica el catedrático de psicopatología Vicente Caballo: “Si alguien adquiere poder y nadie lo limita, su ego se agranda y puede llegar a creerse el rey del mundo”. Pero entonces podríamos preguntarnos si es una consecuencia casi inevitable del triunfar en la vida o del éxito. Rotundamente no. Pero claro, es necesario tener una personalidad muy bien formada, un cerebro preparado y, sobre todo, una gran dosis de humildad para evitarlo. Define la RAE la humildad como:” la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. Creo que en ella tenemos las claves:

  • Conocer tus debilidades y limitaciones. Esto supone, en primer lugar, un profundo ejercicio de introspección. Debo ser yo el primero en juzgarme, con tranquilidad y sin que ello me genere ningún tipo de frustración. Todos somos seres humanos y, por tanto, limitados. Debo conocer mis puntos fuertes, pero también los débiles. Si los conozco y los tengo presentes, nunca me convertiré en alguien soberbio, narcisista o con idea de ser superior a los demás, pero tampoco en alguien que dependa de la valoración ajena. Puedo ser muy bueno en mi trabajo, pero no perfecto, y este convencimiento será el que me llevará a esforzarme por hacerlo lo mejor posible siempre. Esto también me hará aceptar las críticas con normalidad, puesto que tengo claro que me puedo equivocar y además, agradeceré que me corrijan porque ello me hará seguir avanzando. En relación a esto último, dice el psicólogo y coach Ovidio Peñalver, que el que se reconoce ignorante, abre las puertas a que le enseñen, el que no, es puro cartón piedra, puesto que simula algo que no es. Nadie sabe y conoce todo, ni nadie hace todo bien. Si tenemos esto claro, nunca nos convertiremos en personas prepotentes por mucho aduladores que ten gamos alrededor. Incluso los mejores en cualquier campo, reconocen que tienen un equipo detrás que les ayuda y sin el cual no hubieran llegado a donde están.
  • Obrar de acuerdo a ese conocimiento. Si tengo claro el primer punto, sabré reconocer si me he equivocado y decir lo siento y sabré dar las gracias por toda aquella ayuda que reciba. Sabré que soy vulnerable, pero el saberlo me hará fuerte, contrariamente a lo que podría parecer. Reconoceré ante los demás que hago todo el esfuerzo necesario para hacerlo bien y me comprometeré a ello. Y los demás me creerán, confiarán en mí, porque sabrán que soy alguien que trabaja para que las cosas les salgan bien, no surgen de la nada. Es absurdo ir de perfecto, además de ser mentira, tiene un coste emocional demasiado alto al tener que mantener un papel las 24 horas del día, todos los días del año.

             Las personas humildes saben escuchar, pero por verdadero interés en lo que los demás puedan decir. Las personas humildes viven disfrutando, porque cada cosa que hacen la realizan con ilusión y con la mejor disposición, con la consiguiente satisfacción que eso produce. Las personas humildes viven tranquilas, porque no están obsesionadas por compararse con los demás, ni viven en una continua competencia. Las personas humildes tienen palabra, no se comprometen en aquello que no pueden hacer, sólo en lo que saben que pueden sacar adelante

En un mundo que fomenta desde la infancia y a través del propio sistema educativo, la competitividad, en el que se valora a la gente por lo que tiene (coche, casa, ropa….) independientemente de cómo lo haya conseguido, en el que se prima la fama y el éxito sin importar en base a qué los has conseguido, en el que los “pillos” ganan siempre, en el que ser honrado es ser tonto, en el que se transmite la sensación de que “esto no tiene arreglo”…ser humilde es más importante que nunca, porque te aparta de la competición y te permite ser libre y feliz con tu vida, sin envidiar nada ni considerarte mejor o peor por lo que tienes o te falta. Aprendes a mirar a los demás al mismo nivel, ni por encima, ni por debajo. Por eso creo que en todos los colegios y en todos los organismos públicos o privados deberían poner un cartel enorme con una frase que leí hace poco: Cada vez que subas un escalón de triunfo, sube dos de humildad.

                                 Dra. San Román

Directora médica Centro Médico AUPA