Define la Rae a una persona frívola como insustancial y veleidosa, si nos atenemos a estos dos conceptos es evidente que no es una buena cualidad. Intentemos analizar cuáles son las características de alguien frívolo: 

  1. Ser voluble en gustos, opiniones o ideas. Esto ocurre porque no suelen ser opiniones basadas en análisis personales de las cosas, sino en modas y costumbres de cada momento. 

  2. Enlazando con lo anterior, entenderemos que es alguien con poca consistencia en sus criterios propios, puesto que dependerán de los imperantes y actuales. 

  3. Depender siempre del beneplácito ajeno, sobre todo de aquellos que considere como merecedores de su atención. Buscará siempre sentirse aceptado por ellos como forma de sentirse bien. 

  4. Vivir cara al exterior. Una persona frívola siempre dependerá para sentirse segura de seguir las modas, gustos y corrientes. Si esto no ocurre se sentirá frustrado o fracasado, al ser diferente al resto. 

  5. Ser egoísta. Es evidente que si vivo preocupado de lo que me pongo, de lo que me compro, de a qué sitio tengo que ir o de qué expresiones debo utilizar para sentirme a la última, todo el centro de mi universo y mi preocupación soy yo mismo, dejando poco espacio para otras preocupaciones que me sean ajenas o me desagraden. 

  6. Gran inseguridad. Quizás esta característica pueda sorprender a alguien, pero para mí es evidente que bajo la apariencia de toda persona frívola subyace una persona insegura. Al fin y al cabo, la frivolidad no es más que la expresión de nuestra innata necesidad de pertenencia a la manada: el actuar, vestir y hablar como está de moda expresa esa íntima necesidad, negando incluso mi propio criterio al quedar sepultado por el criterio ajeno. 

  7. Poseer gran cantidad de prejuicios al tener una excesiva preocupación por la apariencia como forma de expresión de lo que soy y lo que valgo. El frívolo se valorará a sí mismo y a los demás por su manera de vestir, por los complementos que lleve, por si está gordo o delgado, o por si la ropa que lleva es cara o barata, o está pasada de moda. Esto limita en gran manera su mundo, convirtiéndose, sin siquiera ser muchas veces conscientes de ello, en personas intolerantes y con poca amplitud de miras. 

  8. Impulsividad y búsqueda constante del placer. De alguna manera una persona frívola es una persona para lo que lo más importante son una serie de metas que guían su conducta sin hacer muchas más valoraciones. Muchas veces su felicidad o bienestar radica en poseer determinadas cosas o en realizarse determinado cambio físico, dedicando gran cantidad de esfuerzo personal o económico pensando que ese deseo cumplido va a ser el que les proporcionará una gran satisfacción. Lo que no saben es que esto dura poco por lo que se denomina “habituación hedonística”, que es la capacidad de acostumbrase a las cosas buenas. Está calculado que incluso la felicidad de que te toque la lotería dura tres meses, volviendo al cabo de ese tiempo al punto de felicidad previo que tuvieras. Esto es lo que justifica la frustración obtenida al cabo de un tiempo y la necesidad de buscar un nuevo objeto de deseo. 

Muchas veces la frivolidad es una característica que observamos en nuestros pacientes de Centro Aupa como algo que condiciona sus vidas, convirtiéndolas en infelices al estar permanentemente intentando alcanzar una objetivo imposible o al haberla convertido en la única base que las sustenta. Sin embargo, he de decir que en mi opinión la existencia de una pizca de frivolidad en nuestras vidas es algo que nos puede aportar “chispa”. No es malo preocuparse por el aspecto físico, no es malo de ninguna manera querer sentirse guapo, no es malo querer gustar, no es malo que nos gusten las cosas bonitas y querer poseerlas… Lo malo es que eso se convierta en el objetivo de nuestra vida, que creamos que es lo único que nos aporta valor. Pues como decía Francois de La Rochefoucauld:

“Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo”.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA