Es un juego realizado en miles de empresas, colegios y universidades de todo el mundo. Se llama Marshmallow Challenge, desafío del Marhmellow (en una chuche que en España es conocida como nube). En él han participado desde niños de educación infantil hasta altísimos cargos de multinacionales. La finalidad: experimentar en primera persona lecciones simples pero profundas sobre creatividad , colaboración e innovación a través de un sencillo y barato ejercicio de diseño que dura 18 minutos.

Las instrucciones son fáciles: en el tiempo mencionado cada equipo (de cuatro o cinco personas) debe construir una estructura que se sujete sola utilizando 20 espaguettis, un metro de cuerda, un metro de cinta adhesiva y un marshmallow. El marshmallow (nube) debe estar situado en la parte superior de la creación. No es necesario utilizar todo el material.

Este desafío que deberá resolverse con tiempo y recursos limitados y pondrá de manifiesto las capacidades de colaboración, interacción y creación de los participantes. A la finalización del mismo se procederá a medir todas las estructuras desde la base hasta la cima y ganará la más alta.

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Los resultados son tremendamente interesantes y pedagógicos:

Los que obtienen torres más altas son los arquitectos e ingenieros (¡¡por suerte!!) y los niños. Los peores los economistas y los abogados (mienten, intentan hacer trampas, discuten…)

Los equipos más heterogéneos se manejan mejor que los homogéneos. Parece bastante lógico que un equipo de personas que piensen diferente, que tengan capacidades diferentes, visiones diferentes, ofrecerá un número mayor de alternativas y dará con soluciones más operativas.

Es fundamental hacer prototipos. Aquí los niños son los mejores ya que no esperan al final para pinchar el marshmallow en la estructura (esto habitualmente provoca su derrumbamiento) sino que van probando durante el proceso. Abordan el experimento desde el juego y pasan por un proceso dináminco de ensayo-error a diferencia por ejemplo de estudiantes de empresariales o económicas que analizan el problema de una forma más lineal (diseñar-construir-evaluar) y fracasan porque en la fase final se dan cuenta de que la estructura se cae al no haber calculado el peso del marshmallow pero ya no tienen tiempo de levantarla otra vez.

Todos los equipos y personas tienen su propio “marshmallow”. Esta es una metáfora sobre la vida y los objetivos que cada grupo humano plantea en función de lo quieren conseguir. Todos tenemos metas, aspiraciones, sitios donde queremos llegar. Y para conseguirlas es determinante, la cooperación, la creatividad y el pensamiento transversal.

¿Te animas a probar el EL DESAFÍO MARSHMALLOW?

Marta Blázquez.

Terapeuta Centro Aupa