Después de leer esta noticia:

Celia Villalobos, ¿jugando al ‘Candy Crush’ en el Debate sobre el Estado de la Nación?”,

….puede que unos sonrían y otros por el contrario se indignen. En cualquiera de los dos casos, esto nos debería hacer pensar y reflexionar sobre cuáles son las consecuencias de “engancharse” a un juego como ese o cualquier otro parecido, y el que seamos conscientes de que cualquiera puede “caer”.

Puede que a alguien le parezca exagerado relacionar esto, o puede que alguien se sienta ofendido incluso por considerar que estamos llamando adicta a la persona protagonista de esta “anécdota”, pero las personas que trabajamos en el campo de las adicciones sabemos la facilidad con la que una persona se puede convertir en adicta sin ni siquiera ser consciente de ello y, que cualquier actividad, por inocente que parezca, es susceptible de convertirse en el objeto de una adicción.

Y que la vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados en el debate sobre el estado de la nación juegue al Candy Crash no se entiende si no es por una “exagerada afición” a este juego. Nadie entiende que, aunque se aburra o no le interese lo que allí se diga, no mantenga las formas sabiendo que hay mil cámaras y personas que la pueden ver. Nosotros, en el campo de las adicciones entendemos esto perfectamente. La persona adicta llega a tener tal nivel de dependencia de realizar determinada conducta o de consumir determinada sustancia, que esto se convierte en prioritario, dejando de lado cualquier otra consideración del tipo que sea, dedicando la mayor parte de su tiempo a ello.

Otra reflexión que me ha venido a la mente al enterarme de la noticia es el mal ejemplo que damos a nuestros jóvenes. En esta época, en la que las nuevas tecnologías se están convirtiendo en el eje de sus vidas, habiendo aparecido problemas que empiezan a ser de gran magnitud por el número de personas afectadas, como la nomofobia, es tremendamente frustrante comprobar que aquellas personas que debían tener por lo menos un comportamiento correcto, ya no digo ejemplar, son las que dan la peor imagen que se puede dar: en tu lugar de trabajo y tratando temas de suma importancia para todo un país, juego en mi Tablet a un juego del que a diario se juegan 600 millones de partidas diarias nada menos y que avisa de su carácter adictivo.

Confío en la educación como arma para luchar contra todo este tipo de comportamientos. Educar a nuestros hijos en el manejo de sus emociones, en la responsabilidad, en el valor del trabajo, en la importancia del altruismo, en el respeto por los demás y en la tolerancia es el arma más poderosa de que disponemos para conseguir una generación futura mucho mejor.

Dra.San Román

Subdirectora Centro Médico Aupa