Os recomiendo leer el estupendo e ilustrativo artículo de El Mundo, repleto de datos y citas de sus protagonistas que se titula Vivir, beber, escribir. Sin ánimo de ser pretenciosa, me voy a atrever a hacer algunos comentarios y reflexiones, ya que la labor de documentación y redacción del periodista P.Unamuno, me han parecido realmente brillantes.

Unamuno nos acerca a las vidas de numerosos escritores de éxito, como John Berryman, Dylan Thomas, Cheever, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Carver, Tennessee Williams, o Truman Capote, que padecieron la enfermedad del alcoholismo. El autor del artículo  investiga y saca algunas reflexiones, de las que me quedo con esta: “El alcohol como freno y al mismo tiempo como motor… Una paradoja cruel.”

¿Por qué algunos tienden a relacionar drogas con creatividad?, ¿Por qué toman como ejemplo a personajes que vivieron vidas poco envidiables?…

Gracias a este artículo, y también a los artículos publicados por el resto del equipo de Centro AUPA acerca de este tema, donde destacan el mal hermanamiento entre creatividad y drogas, llego a varias conclusiones.

1. El alcoholismo sólo es la consecuencia de un malestar, no es la causa del mismo:

El alcohol y otras drogas aparecen en la vida de la persona con la pretensión de contrarrestar una merma o carencia espiritual, para calmar un estado de ánimo desequilibrado, una depresión, ansiedad o alguna otra enfermedad psiquiátrica. Por lo que el origen del consumo de drogas nace como la consecuencia de unos terrores internos previos, o una realidad demasiado difícil de tragar. No se usan para crear, se usan para poder soportar vivir y así, estando vivo, poder hacerlo.

2. Un dramático pasado como polvorín del alcoholismo:

Varios de los escritores citados fueron hijos de padres que se suicidaron, incluso ellos mismos también optaron por ese dramático final. Muchos de ellos tuvieron infancias llenas de desgracias y sinsabores, y probablemente su cerebro optó por huir de esas atrocidades inventando historias, imaginando otras formas de vida y luego plasmándolas en un papel. Sin embargo, no fueron capaces de usar esa capacidad de inventar otros mundos, para soltarse de las afiladas garras del miedo y la ansiedad, por lo que trataron de buscar una pócima que les pudiera devolver la cordura de tener que volver a la realidad cada vez que debían de dejar de imaginar ser otro.

3. Las drogas no son la gasolina de la creatividad, lo son el pasado y las vivencias, ya sean buenas o malas:

Creyeron encontrar una ayuda para paliar sus terrores internos. Nada más lejos, ya que cuanto más alcohol se bebe, menos se crea y cuanto menos se crea, más ansiedad se siente y más alcohol se necesita. Un círculo que se retroalimenta sólo.

4. La enfermedad del alcoholismo, una manera lenta de suicidarse:

Todo lo que brota en el ser humano de una manera apabullante, descontrolada, compulsiva… genera desequilibrio y malestar. La creatividad no es la excepción, por lo que la propia creatividad se vuelve de manera patológica, en un recurso para lograr huir de uno mismo, de la cruda y fea realidad que a casi todos ellos les rodeaba desde la infancia. Otros, con pasados más benévolos, trataron de encontrar en el fondo de una botella el billete de huida de los miedos presentes, pasados y futuros.

En definitiva, el alcohol ni ninguna otra droga son la gasolina de la creatividad, si no todo lo contrario. 

Muchos de estos escritores buscaron en los tóxicos la manera de aguantarse a sí mismos, mientras no estaban creando. Sólo cuando lograban estar imaginando, pensando e inventando, lograron encontrar su remanso de paz y al parar, los monstruos de la desesperación, la angustia y el torrente de malestar, aparecían como un tsunami.

Virginia López

Coordinadora Centro Médico AUPA