Cuando nos enfrentamos a una adicción con o sin sustancia, nos estamos también enfrentando a sus efectos colaterales, esto es: los daños psicológicos, físicos y/o sociales que dicha adicción provoca en otras personas, normalmente en aquellas que conviven con el adicto.

Seguramente bastantes personas que leáis este artículo habréis detectado en algún momento las graves consecuencias que genera esta enfermedad en las personas allegadas. A veces se trata de daños agudos, con consecuencias más o menos graves, y otras veces se sufren daños “silenciosos” que van deteriorando la calidad de vida de aquellos que conviven con la persona afectada.

Podríamos hacer una larga lista de daños colaterales, pero vamos a centrarnos en los de más alta prevalencia, que a su vez son, los que apuntábamos en el párrafo anterior que, con bastante seguridad, en algún momento de vuestra vida habréis detectado sin que hayáis tenido que buscarlo:

303830_4575924804006_906420207_n_largeAccidentes de tráfico

Accidentes laborales

Fracaso escolar

Problemas laborales

Violencia

Malos tratos

Etc.

 


Ni que decir tiene que cuando ponemos este importante tema sobre la mesa, no podemos tomar como referencia las urgencias hospitalarias ya que estaríamos excluyendo a cientos de miles de personas que nunca pisarán un hospital por una intoxicación pero que sí lo harán porque han sido atropelladas por un conductor ebrio o sufrirán malos tratos constantes provocados por su pareja, padre, madre, hermano, jefe o compañero de trabajo.

Es fundamental prestar atención a estos indicadores sociales porque son un baremo para calibrar el verdadero impacto de las conductas adictivas en nuestra sociedad y no limitarnos a hacer esta medición según aspectos estrictamente sanitarios.

En Centro Médico AUPA estamos especialmente atentos a todo ello, y nuestra forma de trabajar pasa por una concienciación del proceso de diagnóstico y tratamiento por parte de paciente, pero también pasa por un intento de implicación por parte de familiares y allegados en la terapia, siempre desde un código deontológico, preservando la intimidad y los derechos de cada paciente.