Nico Almagro destroza su raqueta y abronca a un cámara

 

Estallido de ira de Feliciano López; se enfrenta a un espectador.

El deporte es la mayoría de las veces un ejemplo de esfuerzo, superación y trabajo en equipo pero, desgraciadamente, también nos muestra en ocasiones la peor cara del ser humano. Juego sucio, competitividad mal entendida y escaso control de impulsos. Como la vida misma. Cuando un individuo no está equilibrado en todos los sentidos es capaz de desarrollar conductas muy poco adaptativas e incluso autodestructivas. Recientemente pudimos asistir a un triste espectáculo, cuando un famoso jugador de tenis en un torneo importante, rompió en pedazos su raqueta golpeándola violentamente contra el suelo después de perder el partido. Tras este acto automático y fuera de control, arremetió contra un cámara que intentaba grabar el suceso.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué perdemos el control? ¿Hay personas que pueden gestionar sus impulsos mejor que otras?¿Se puede cambiar esta manera de actuar?

La respuesta es sí. Se puede entrenar nuestra conducta para que la respuesta que demos ante cualquier situación no nos perjudique ni a nosotros ni al resto.

El ser humano está “dominado” por sus emociones. Éstas son las que nos avisan de que tenemos que actuar de un modo u otro. Son adaptativas y no voluntarias. Es decir, si sentimos tristeza es para que hagamos algo con respecto a una situación que nuestro cerebro estima que es necesario cambiar para restablecer el equilibrio interno. Las emociones son absolutamente necesarias, pero, y aquí está la clave, podemos aprender a relacionarnos con ellas de maneras muy distintas. Es posible elegir la respuesta que damos ante determinada emoción en lugar de reaccionar de manera automática. Para ello es necesario, en primer lugar, ser conscientes de este proceso y, después, entrenar nuestra mente para que sea capaz de pararse, observar y después elegir la respuesta que más nos convenga.

No es tarea sencilla. Si preguntáramos al tenista como se siente después de haberse dado cuenta de que no se controla y se comporta de esa manera tan brutal no me cabe duda de que nos contestaría con cierta vergüenza, culpabilidad y deseo de no haber actuado así, que se arrepiente. Si no fuera así, se estaría engañando a sí mismo y a los demás, es decir, de nuevo reaccionando de manera impulsiva.

Es posible trabajar las emociones para salir del modo automático y conectar con el modo “atención plena”.

Para ello, es recomendable conocer las causas de la tensión y el estrés generadoras de estas conductas y llevar a cabo un entrenamiento sistemático y sostenido en el tiempo que nos permita estar presentes, reconocer y aceptar esas emociones sin resistirnos a ellas para ir, poco a poco, sustituyéndolas por respuestas más equilibradas y saludables.

¿Te atreves a viajar al interior de tu mente?

Marta Blázquez

Terapeuta Centro Aupa