Conductas autodestructivas

AUTODESTRUIRSE O VIVIR

Decía el filósofo griego Epícteto que “no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede” y él sabía lo que decía ya que vivió gran parte de su vida como esclavo en Roma. Esto de decirnos acerca de lo que sucede es lo que puede cambiar drásticamente nuestra forma de vida, es la diferencia entre comprender, aceptar y seguir adelante o quedarnos anclados en determinadas creencias y cavar nuestra propia fosa.

   Nuestra fortaleza emocional la conforman tres cosas: pensamientos, emociones y conducta. Antes de continuar leyendo me gustaría que cada uno de vosotros pensara cuál de los tres considera que es lo más importante o lo que define nuestra vida. Muchos habréis contestado que la conducta, nuestro comportamiento nos marca. Otros que las emociones, que lo que sentimos es lo que nos afecta. Sin embargo no es así. Son los pensamientos los que marcan nuestra vida, y esto podría ser el resumen del artículo que hoy os proponemos como lectura. Los 15 puntos de una persona autodestructiva no hacen más que referirse a lo que yo pienso sobre mí mismo y los demás. Me explicaré. Si yo pienso que no valgo mucho como persona, me sentiré casi agradecido de que alguien me haga caso y mi pareja será probablemente alguien inadecuado y mi comportamiento en la relación será de sumisión y de “tragar” por no estar sólo, o de celos por inseguridad, con lo cual fracasaré, lo cual reafirmará mi pensamiento de que cómo no valgo mucho no me soporta ninguna pareja. Si pienso que no soy muy inteligente o no soy muy válida profesionalmente, me sentiré insegura y me comportaré en las entrevistas de trabajo de manera nerviosa o dubitativa y trasmitiré con mi lenguaje verbal y corporal que no me siento muy segura, lo que hará que no me elijan y me volverá a reafirmar en mi pensamiento . Si pienso que a las personas que les va bien es por suerte, no entenderé que creer en lo que quiero y esforzarme me llevará a conseguirlo, y me sentiré resignado con mi vida. Y podríamos seguir así indefinidamente, el pensamiento que subyace bajo todo este tipo de comportamientos es que soy una persona que no vale nada, rodeada de personas egoístas que van a lo suyo y que no tienen interés en mí, en un mundo en el que hay unos cuantos afortunados entre los cuales no me incluyo y una mayoría desgraciada, en una vida que me ofrece muy pocas satisfacciones y muchos sinsabores…la conclusión a la que me lleva todo esto es a perder la ilusión, a intentar “sobrevivir” y a considerar mi futuro como algo ya escrito y sin posibilidad de variación. Esto supone también a adoptar una postura de cínica suficiencia en la que la mera idea de creer que puedo cambiar algo, tanto de mi vida como del mundo en general, es absurda y sinsentido. Y todo esto no conduce a nada bueno, es como si nuestra vida fuera un tren averiado que se lleva a una vía muerta porque ya no funciona, llevándonos esto a dos opciones: amargarnos por no encontrar nada que merezca la pena o buscar una válvula de escape. Esta última suele ser la salida que nuestro cerebro encuentra para conseguir sobrevivir a tanta negatividad, y lo hace en forma de adicciones. ¿Por qué?, muy sencillo, el consumo de cualquier sustancia o la realización de cualquier conducta considerada adictiva libera dopamina, lo que genera sensación inmediata de bienestar y por tanto, un necesario anestésico para nuestro castigado cerebro en el caso de que seamos una persona así. No pensemos sólo en la cocaína, porros, alcohol….y pensemos con suficiencia que nosotros no estamos incluidos en ese grupo, pensemos en los trastornos alimentarios, no sólo la anorexia y la bulimia, sino el atracón o la adicción al azúcar, pensemos en la ludopatía on line sobre todo, en la compra compulsiva, en la nomofobia, en la adicción a internet…y en montones de comportamientos compulsivos que alivian nuestro diario malestar y que vemos continuamente en Centro Aupa.

   Así que os recomiendo a todos que hagáis al inicio de este año un repaso a vuestras vidas: qué pensáis sobre vuestra valía personal, sobre las relaciones con los demás, cuáles son vuestras ilusiones, las presentes y las que habéis dejado por el camino, qué pensáis que os ofrece el futuro. Haceos esas preguntas y sabréis si de alguna manera habéis claudicado al pesimismo general o seguís llevando dentro a ese niño que se cree capaz de comerse el mundo. Ojalá sea así, pero si no lo es, buscad el pensamiento que tenéis grabado y cambiadlo. Es posible. No olvides que como decía Buda “ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”.

                                                Dra. San Román

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