LA VANGUARDIA: Una centenaria termina el doctorado que le bloquearon los nazis.

Insólita noticia, sin embargo cuánta carga de ilusión y optimismo contiene. Es una historia en la que su protagonista no ha tenido una vida fácil. Cuando tenía que haber presentado su tesis doctoral, tuvo la “mala suerte” de ser judía en la Alemania del año 1937, motivo por el cual no se le dejó presentar su doctorado y tuvo que emigrar. Cuando se fue a Estados Unidos se encontró con la “mala suerte” de que en unos años le tocó vivir en la complicada época de McCarthy, con lo cual volvió a Alemania, donde ya se quedó y ejerció como pediatra. Sin embrago no ha sido hasta ahora, a los 102 años, cuando se ha reconocido esa injusticia y se le concederá su título de doctor el 9 de junio en una ceremonia solemne.

He entrecomillado dos veces lo de mala suerte, porque es probable que lo que primero que nos venga a la cabeza al leer esta historia es que es eso: una historia de mala suerte. Pero no lo ve así su protagonista, sino como un camino lleno de vivencias que la han llevado a ser lo que es hoy y que al final ha concluido de manera justa. Esto es lo que diferencia las vidas de los valientes y optimistas del resto, no lo que ocurra en ellas, sino su manera de encararlo.

Me viene a la cabeza una frase que leí no hace mucho:

“Ser feliz no quiere decir que todo sea perfecto, quiere decir que has decidido ver más allá de las imperfecciones”.

Porque ser feliz es eso: una decisión personal. Si adoptas el papel de víctima, si entras en una dinámica de queja continúa, si piensas que el mundo es injusto contigo, si piensas que los demás tienen suerte y tú no, si crees que todos los problemas te vienen solo a ti, si estás convencido de que mereces otra cosa que lo que tienes, estás perdid0/a. Habrás dado un paso de gigante hacia el resentimiento, el pesimismo, la insatisfacción y el rencor. Porque además no es así. Tenemos que saber que vamos a tener problemas y obstáculos en la vida, que tendremos que trabajar duro para solucionarlos, si podemos. Que tendremos momentos buenos y momentos malos, pero que de todos podremos sacar algo bueno, sólo hay que buscarlo y encontrarlo. Y de cualquier manera, todo lo que vivamos nos debe servir para convertirnos en mejores personas, más tolerantes, más compresivas, más equilibradas y más sabias. Esto es vivir.

Y, sobre todo, como nuestra protagonista, nunca perder la ilusión: no es cuestión de edad, es cuestión de pensar que siempre estoy a tiempo. A tiempo de aprender, de conocer, de rectificar, de empezar otra vez… Si de verdad estás convencido/a de esto la vida se convierte en un mar infinito de posibilidades, en algo ilusionante, en algo lleno de sorpresas hasta el último momento, como es el caso de la protagonista de nuestra historia de hoy.

Dice un proverbio chino que no puedes guiar el viento, pero puedes cambiar la dirección de tus velas. No lo olvides.

Dra. San Román

Subdirectora Médica de Centro AUPA