Cómo evitar equivocarme. Es evidente que nuestro cerebro toma miles de decisiones a diario, aunque muchas sean rutinarias y casi no nos demos cuenta de que las tomamos: decidimos levantarnos al oír el despertador, decidimos cuando cruzar una calle, decidimos cederle el asiento en el metro a alguien o seguir sentados, decidimos ante un comentario desagradable ignorarlo o contestar, decidimos ante cuestiones que se plantean en el trabajo, decidimos lo que vamos a comer, si voy a hacer la compra de eso que me falta hoy o no, decidimos si nos presentan a alguien si nos gusta o no…..y así podríamos seguir indefinidamente. Sólo así seremos conscientes del mucho trabajo que afronta continuamente nuestro cerebro. Pero es una computadora eficiente, en su continua toma de decisiones no se olvida del ahorro energético, y esto lo hace priorizando y estableciendo categorías ¿cómo? pues es aquí dónde está el problema, entre todas las señales que recibe sólo convierte en relevantes y dignas de ser tenidas en cuenta aquellas que considera que nos interesan o nos son útiles. ¿Y cómo realiza esta selección?, pues basándose en todos aquellos sesgos que tengamos y que fundamentalmente se basan en la educación recibida, nuestras propias creencias personales sobre nosotros mismos y el resto y la influencia del entorno. Y todo esto es un proceso que se realiza a nivel inconsciente, sería imposible procesar todo esta información de manera consciente, nos volveríamos locos. Entonces ¿podemos hacer algo? Esta es la pregunta del millón. La respuesta es un rotundo SÍ. Ahora veremos de qué manera podemos luchar contra esos lastres de los que nos habla el artículo y que os he nombrado:

1-Sé consciente de tus propios sesgos, reconoce tus ideas preconcebidas sobre muchos temas e incluso sobre las personas. Sólo si los reconoces, podrás luchar contra ellos o por lo menos plantearte que pueden no ser verdad.

2-Sé humilde, conoce tus limitaciones, reconoce que puedes estar equivocado, reconoce que puedes no tener el conocimiento necesario para opinar. Reconoce que tu cerebro, y el de todos, es vanidoso, trata siempre de convencerse de la realidad que mejor concuerda con su realidad, de la más cómoda.

3-Duda y replantéate tus creencias. Esto no supone renunciar a ellas, sólo darles un repaso, revisarlas y ver si me convencen de verdad. No pasa nada por hacerlo, rectifico, no pasa nada malo, al revés. Si considero que siguen siendo válidas, perfecto. Pero puede que en el análisis descubra que alguna no es cierta, o por mi experiencia he comprobado que no es real, o que alguna no tiene lógica, sólo es aprendida. Esto hará que aquello en lo que crea sea de verdad mío, no “prestado”.

4-Sé consciente del autoengaño. No olvides que tu cerebro existe para protegerte y salvaguardarte, así pues generará rápidamente justificaciones para tu comportamiento y excusas para tus errores, en una palabra “echará balones fuera”. Pero como leemos en el artículo, así no aprenderás nunca de tus equivocaciones y los repetirás una y otra vez.

5-Toma distancia de las cosas, puede sonar complicado, pero es tan sencillo como aprender a esperar. Si tomo las decisiones en momentos emocionales intensos o cansado, es muy probable que me equivoque, puesto que estarán tomadas por nuestro sistema reflejo automático. Dale la oportunidad a tu sistema deliberativo, el más racional, pero ten en cuenta que este necesita tiempo para poder actuar, así pues decide siempre con calma, nunca por impulsos.

6-Huye de la profecía autocumplida, de todas aquellas cosas que “crees” te reafirman en lo que pensabas y que siempre son cosas negativas y que te paralizan, porque para qué voy a hacer nada si siempre sale algo mal. Piensa que no hay nada predeterminado, que si los demás pueden tú también. Lucha, esfuérzate, equivócate mil veces pero sigue intentándolo y será posible. Llegarás adonde decidas.

7-No te quedes inmovilizado, en ningún sentido, ni físico ni intelectual ni emocional. Siempre hay más camino por delante, siempre hay otras opciones, no te quedes en lo conocido por miedo, o por aferrarte a lo supuestamente seguro. Si algo no funciona, siéntate, valóralo y cámbialo. Siempre estás a tiempo de recrear tu vida. Mantén la ilusión de que siempre es posible cambiar: lo que está mal y lo que está bien para que esté mejor. Eso te hará mantener viva la ilusión y te evitará el tremendo error de resignarte.

8-Haz cosas que nunca pensaste hacer o que crees que no te van a gustar, será la mejor manera de luchar contra las ideas preconcebidas que tenemos respecto a miles de cosas y además, fortalecerá tu autoestima. Aprende, experimenta, investiga, no te quedes sólo en lo conocido, en lo de siempre.

       Si sigues estos consejos, es muy probable que las decisiones que tomes sean acertadas, porque no se basarán en automatismos sino en razonamientos. Pero incluso si te equivocas, tampoco pasará nada, supondrá un aprendizaje más y como tal deberás catalogarlo, nunca lo hagas como un fracaso. Nunca olvides que tu vida es producto de tus decisiones. Decía Roosevelt que “En cualquier momento de decisión, la mejor cosa que puedes hacer es lo correcto, la mejor cosa siguiente es lo incorrecto y lo peor que puedes hacer es nada”

                                             Dra. San Román