Muere Bobbi Kristina Brown, hija de Whitney Houston (El País)

Al final no pudo ser. Bobbi Kristina Brown ha fallecido tras meses de permanecer en coma inducido después de ser hallada boca abajo en la bañera de su casa en circunstancias poco claras. Podría tratarse de una macabra repetición de la muerte de su madre por sobredosis, todavía no está claro, pero de cualquier manera, es llamativo la de veces que encontramos este patrón de repetición de comportamientos paternos.

¿Es la herencia que va incorporada en nuestros genes la que provoca que, de manera casi irremediable, nos veamos abocados a repetir los comportamientos de nuestros progenitores? No, o por lo menos de manera determinante. Las responsables son las llamadas “neuronas espejo”. ¿Y qué son? Son uno de los grandes descubrimientos del siglo xx y que supuso un vuelco en la manera de concebir el cerebro: la misma neurona motora que se activa cuando cojo un vaso, se activa igualmente si veo que lo coge otra persona, de ahí su nombre, somos “espejos” de los demás. Son las que justifican la empatía, el que pueda comprender lo que sienten los demás, porque cuando veo sufrir a alguien, emocional o físicamente, puedo ser capaz de sentir yo lo mismo, al activarse las mismas neuronas que se activarían si me estuviese ocurriendo a mí. 

Las neuronas espejo son la red invisible que une a todos los seres humanos entre sí y con sus predecesores. No olvidemos que al principio de nuestra existencia como especie, no existía el lenguaje, por lo que era muy importante interpretar las expresiones faciales y el lenguaje gestual para comprender las diferentes emociones que sentía cada uno de los miembros del grupo y para poder enseñar a los más jóvenes la manera de realizar las cosas. Así pues las neuronas espejo se convirtieron en la manera de transmitir el conocimiento y la cultura. Pensemos que si nos emociona un libro, un cuadro o una película es porque gracias a estas neuronas somos capaces de sentir lo que el autor nos quiere transmitir.

Creo que ya podemos entender el porqué ellas también son las responsables de los comportamientos familiares que perpetuamos y que creemos que son por genética. Ahora sabemos que es por imitación, no por herencia. Desde los 2 o 3 meses los bebés empiezan a imitar, sonriendo cada vez que alguien les habla, no tanto como expresión de felicidad, sino porque todo el mundo les sonríe y ellos lo imitan. Ahí empieza nuestro aprendizaje, imitando en todo momento lo que vemos a nuestro alrededor. Está demostrado que hijos adoptados desarrollan las mismas maneras de actuar y comportamientos que sus padres adoptivos.

Podríamos pensar que esto supone casi una condena, creo que todo lo contrario: lo que parecía darle un carácter casi de predestinación a la vida, era pensar que todo era heredado y poco podíamos hacer por cambiarlo. Si comprendemos que somos fruto, en gran parte, de todo lo que aprendemos en nuestro entorno, nos daremos cuenta de que somos totalmente libres de cambiar lo que no nos guste.

Recuerdo ahora aquello que un padre le dijo a su hijo: 

“ten cuidado por dónde caminas”.

Y el hijo le respondió:

“ten cuidado tú, recuerda que yo sigo tus pasos”.

Dra. San Román

Directora Médica Centro AUPA