Últimamente es muy frecuente escuchar esta recomendación. Pero ¿qué significa tener atención plena? ¿Qué beneficios se obtiene de valorar cada instante?

En nuestro día a día, cuando organizamos el tiempo solemos emplear frases como: “yo dedico un tiempo a mi familia, un tiempo a mi trabajo, a mi pareja, a mis amigos, etc… Y un tiempo para mí”. Esta expresión revela una creencia preocupante. ¿Es que el tiempo que estoy con los demás, trabajando, cuidando a mi familia o amigos no es mío? ¿Qué diferencia hay entre esos instantes y los que afirmo dedicarme a mí? ¿Es que no son todos esos momentos míos e igualmente disfrutables y aprovechables?

En nuestra vida diaria apenas dejamos espacio para reflexionar sobre nosotros mismos, conocernos y saber cómo nos sentimos respecto a las diferentes situaciones que vivimos a lo largo del día. No nos paramos a observar practicamente nada y esto hace que nuestros actos y pensamientos sean demasiado automáticos. Hay una parte que tiene que ser así para optimizar nuestra energía pero otra debería ser mucho más consciente para poder ofrecer un abanico mayor de respuestas más adaptativas. De este modo, podríamos salir de la rueda en la que muchas veces nos sentimos atrapados con diálogos mentales automáticos y actos repetitivos, algunos de ellos muy perjudiciales para nosotros (adicciones, hábitos nocivos, escaso control de nuestros impulsos…).

Por todo esto, a veces “gritamos”: ¡No puedo más! ¡Necesito tiempo para mí!

El camino para sentirnos mejor es que “todo el tiempo sea para nosotros”. Es decir, aprender a ser conscientes de lo que pasa en nuestra mente y en nuestra cuerpo en cada momento, a dejarlo ser, a escucharlo sin ser tan reactivos, sin tratar de cambiar la experiencia y sin juzgarla. Aprender a permanecer en cada momento sin tratar de estar deseando que llegue el siguiente.

Esto no implica pasividad ni resignación en absoluto. Es más bien todo lo contrario. Partir de una aceptación radical de lo que hay, de lo que ya está sucediento para emprender una acción mucho más eficaz. Si somos capaces de reconocer nuestras pautas de pensamiento automáticas e intuir las de los demás, si practicamos el ser más amables con nosotros mismos desde esa aceptación que promueve el cambio, podremos mejorar significativamente nuestro bienestar físico y psicológico.

Existen técnicas como el mindfulness que pueden ayudarnos a entrenar esta capacidad que todos tenemos para poner nuestra atención en el momento presente, valorar cada instante como algo precioso y no enredarnos en el juego de la mente de lo que nos gustaría que fuera, lo que debería de ser o lo que pudo haber sido.

¡¡¡Os animamos a probarlo ahora mismo!!

Marta Blázquez

Terapeuta Centro Aupa