Siempre he mantenido, y mantengo, y así se lo digo a diario a mis pacientes de Centro Aupa, que ser feliz es una decisión. Me miran asombrados y en la duda de si es una broma o se lo digo en serio. Es totalmente en serio y os explicaré porqué. La felicidad sólo depende del punto de vista desde el que yo decida ver las cosas, no de lo que me ocurra, esta es la razón. Da igual lo que tenga, si me parece poco no estaré satisfecho y viceversa, si tengo poco pero lo valoro, lo disfrutaré. Esta es la primera premisa, pero hay cosas que nos pueden ayudar a no convertirnos a en unos permanentes insatisfechos:

1-Disfruta de cada momento de tu vida. No busques lo que le falta a la escena, aprende a valorar lo que hay en ella. Muchas veces nos perdemos los momentos maravillosos que nos ofrece la vida pensando en que serían mejores si les añadiéramos algo.

2-No vivas en automático, sé consciente de todo lo que tienes y de todo lo bueno que te ocurre cada día. Nos hemos acostumbrado a desarrollar el lado negativo de nuestro cerebro, de tal manera que obviamos las cosas buenas y sólo nos fijamos en las malas. Acostúmbrate cada noche a obligarte a pensar en tres cosas buenas que te hayan pasado ese día, con este simple ejercicio y en unas semanas te habrás convertido en una persona más optimista, porque habrás desarrollado el hemisferio cerebral adecuado.

3-No te conviertas en un “quejicólogo”, expresión que oí hace poco y me encantó. Así es, desde que nos levantamos empezamos a quejarnos: del madrugón, del tiempo que hace ya sea frío o calor, de si llueve, de si hay tráfico, de si tarda el autobús, de lo sinvergüenzas que son los políticos……Y esto se lo transmitimos a nuestros hijos, esta profunda creencia de que todo es un asco y tiene poco arreglo. Nuestros hijos asumirán esta creencia como propia y cierta, y la mantendrán sin cambiarla. Esto se denomina la “profecía autocumplida”, si creo que las cosas no pueden cambiar, no lo intentaré siquiera. También respecto a este tema existe lo que se llama “neurosis de queja”, si empiezo a quejarme es probable que continúe en una cadena sin fin. Así que cuando nos oigamos a nosotros mismos quejarnos de lo que sea, debemos de rectificar inmediatamente.

4-No fomentes la tristeza. Esta es un instinto básico muy útil para la supervivencia como especie al provocarla la separación de la madre y la cría, y también porque nos hace buscar soluciones para evitarla. Pero no debemos dejarla sin control, porque entonces es desadaptativa y llevada al extremo se hace maligna, convirtiéndose en una depresión. Debo ser capaz de detectar mi estado emocional en cada momento y modificarlo si no es el adecuado. Sé que el victimismo es una postura cómoda, me siento en un rincón y lloro por todo lo malo que me pasa y lo mal que me tratan los demás. Pero no sirve de nada, más que para mantenerme inmovilizada y sin actuar. Levántate, y si hay algo que se pueda hacer, hazlo.

5-No seas egoísta. Como muy bien se decía en el artículo del lunes pasado, el egoísta es una persona insatisfecha, y tiene su explicación. El ser humano es un ser gregario, somos una especie altamente social, estamos más hechos para compartir que para competir. El altruismo es el éxito de nuestra manada. El apoyo social es uno de los mayores predictores de felicidad, tienes que sentir que a alguien en el mundo le importas, es como un parachoques frente a los acontecimientos negativos. Pero para que eso ocurra yo primero me tengo que preocupar y dedicar tiempo a los demás, si no lo hago, no lo puedo exigir. No hay que hacer nada especial, sólo compartir lo que tenemos con los demás: tiempo, dinero, aficiones, conocimiento….Debemos saber además que haciendo esto cuidamos también nuestro bienestar físico, está demostrado que las personas egoístas segregan más cortisol y tiene más problemas de salud.

   Termino hoy con una frase que leí hace poco y que me parece resume lo que hoy os quería trasmitir: “El infierno y el paraíso no es un lugar, es una decisión”.

           Dra. San Román

Directora médica de Centro Médico AUPA