Ni es Viagra ni se le parece (EL PAÍS)

En el artículo se nos informa de la aparición de lo que se ha dado en llamar la viagra femenina, que es la flibanserina. Nada más lejos de la realidad, las diferencias entre ambas son múltiples, más bien no hay ningún parecido. Veámoslo:

1- Viagra se toma antes únicamente de la relación sexual. La flibanserina ha de tomarse a diario durante mínimo un mes.

2- Viagra actúa de manera inmediata, mientras que la flibanserina tarda meses en hacer sentir su efecto, si es que lo consigue.

3- Viagra siempre hace efecto, la flibanserina sólo ha demostrado ser efectiva en un porcentaje pequeño de mujeres y que no se diferencia en gran medida del efecto placebo.

4- Viagra se aprobó en cuanto se comprobó su efectividad. La flibanserina tuvo que esperar a su tercera vez, para que la FDA, agencia encargada en Estados Unidos de la aprobación de cualquier fármaco, diera su aprobación. Y no de manera totalmente objetiva y con criterios científicos, sino presionada por las feministas que alegaban discriminación al no aprobar el único fármaco que trataba la falta de apetito sexual en las mujeres. Una anotación importante, es que el grupo feminista que armó tanto escándalo estaba financiado por la farmaceútica que comercializaba la flibanserina.

5- Viagra actúa a nivel vascular, siendo por ello efectivo al 100 % al ser un mecanismo fisiológico evidente y comprobado. Flibanserina actúa a nivel de los neurotransmisores cerebrales de dos maneras: aumenta la dopamina y norepinefrina y disminuye la serotonina, sustancia ésta que cuando aumenta sus niveles disminuye el apetito sexual. Este mecanismo es común a los antidepresivos, siendo de hecho este compuesto uno de ellos, lo que pone en entredicho, a mi modo de ver, qué es lo que trata este fármaco en realidad.

6- Viagra es azul y la flibanserina rosa. Hasta estos niveles de absurdo se ha querido llevar la equiparación de esta sustancia con la viagra masculina.

7- La viagra trata un problema de erección en los hombres. La flibanserina trata algo denominado “Desorden de deseo sexual hipoactivo”. Y digo lo de “algo” con cierta ironía, porque esto no hace a mi juicio más que perpetuar esta corriente que observamos últimamente de considerar patológico todo aquello que se aparta mínimamente de la norma, y sobre todo, de tratarlo rápidamente con una pastilla. Gran negocio para la industria farmaceútica y muy pobre para nuestro desarrollo personal.

8- Flibanserina no es inocua, tiene efectos secundarios: mareos, desmayos, hipotensión, puede afectar al hígado…

A la hora de escribir este artículo lo he hecho como mujer, como médico y como una persona racional. Y como tal, estoy un poco harta de ver como cada vez más aparecen patologías psiquiátricas tratables, por supuesto, con su correspondiente pastilla.

No hemos de olvidar que tenemos el mayor botiquín que podamos necesitar incorporado y que es útil para tratar la mayoría de estas supuestas nuevas enfermedades: nuestro cerebro.

Si fuera una mujer afectada de un supuesto “desorden de deseo sexual hipoactivo”, me gustaría que en vez de darme una pastilla, alguien se preocupara de cómo está mi autoestima, si mi compañero sexual se preocupa por algo más que obtener su placer, si hay algo en mi vida que no funciona y no me deja ser feliz, y por tanto, me deprime y me provoca desgana sexual, si soy capaz de expresar lo que siento y de decir lo que quiero, si aplico la imaginación y la creatividad a mis prácticas sexuales… En fin, que se preocupasen por mí. Y si tuviera un serio problema de disfunción sexual me gustaría que de verdad investigaran para tener a mi disposición una pastilla igual de efectiva que la viagra masculina.

Al ser mi campo de desarrollo profesional el del tratamiento de adicciones, el sexo es un tema que trato con frecuencia, ya que se trata de una fuente de obtención de dopamina, que puede utilizarse en ocasiones de manera impulsiva y sin control o, por el contrario, puede desaparecer el deseo sexual como parte de la depresión en la que está inmersa la persona. Pero sabemos que eso sólo es la punta visible del iceberg y que antes de arreglar eso hay que arreglar otras cosas.

Quiero pues que quede clara cuál es mi postura ante este tema para evitar malas interpretaciones: sí al tratamiento de un verdadero trastorno sexual con la medicación efectiva, que ojalá apareciera pronto, y todos los medios a nuestro alcance, pero no a la medicalización de cualquier trastorno de nuestra vida. Y no me valen las medias tintas: que investiguen y comercialicen un fármaco que realmente arregle, cuando exista, una disfunción sexual femenina, pero no nos contentemos con parches que lo único que hacen es enriquecer un poco más a la industria farmaceútica. El sexo es parte de nuestra vida, así pues si falla, descartando cualquier otra patología que la provoque, hemos de saber que lo que falla es algo más profundo en nuestra vida. Siempre recuerdo esa frase de Aristóteles tan sencilla y tan sabia a la vez:

“No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”.

Dra. San Román

Subdirectora médica Centro AUPA