Leemos en el artículo de EL PAÍS “El síndrome de perder el tren” que gran parte de nuestra vida está condicionada tanto por creencias personales como sociales. Así es, la mayor parte de lo que consideramos nuestros puntales o bases que sustentan nuestra vida son cosas aprendidas, pero no inmutables. Si somos capaces de creer que las cosas pueden ser de otra manera, siempre tendremos por delante un sinfín de oportunidades y la certeza de saber que todo puede cambiar si yo así lo decido. Y esto no depende de la edad, a pesar de lo que nos han enseñado, ni de nada que no sea yo mismo y mi ilusión. Recientemente he leído una frase que me parece que define perfectamente de lo que vamos a hablar: Si puedes crear tu vida, puedes recrearla. Siempre se puede cambiar, siempre nos podemos enamorar, siempre podemos aprender, siempre podemos mejorar… Siempre estamos a tiempo. Esto es lo único que debemos tener claro.

Muchas personas están descontentas con su trabajo, con su pareja, con el sitio donde viven; en fin, con algún aspecto de su vida o con su vida en general. Pero se sienten atrapados, parece que una araña ha tejido una tupida red a su alrededor que les impide salir. Esto también lo veo a diario como algo que sienten todas las personas que son adictas: parece que no existe salida. Sin embargo debemos tener claro que SÍ la hay, siempre podemos modificar todo aquello que queramos.

No soy una ingenua, sé que a veces no es posible cambiar de trabajo o de lugar de residencia, por diferentes circunstancias personales, pero entonces siempre tendré en mi mano cambiar el resto de cosas que conforman mi vida: mis amigos si no me gustan, una pareja con la que no soy feliz, a qué dedico mi ocio, mi manera de relacionarme con los demás. Tengo que tener claro que mi vida es algo en constante cambio, no un camino trazado de manera irrevocable; puesto que si creo esto último, habré matado lo más bonito que existe: la ilusión, la esperanza. Y nadie dijo que fuera fácil, claro que hacer algo diferente, que cambiar aquello que he hecho siempre, que romper con estereotipos puede resultar un poco costoso, pero totalmente satisfactorio. Un premio Nobel de química cuando le preguntaron cuántos de sus experimentos fallaban contestó: la mayoría, pero eso no es fallar es simplemente descubrir lo que no funciona. Esa es la realidad aplicable a nuestra vida: no fallamos, sólo probamos cómo hacer las cosas. Al principio tal como nos enseñan o cómo las hemos visto hacer siempre y después de otra manera diferente si comprobamos que la primera no nos proporciona una vida equilibrada y feliz. Y este cambio puede ser en cualquier momento, no importa la edad, las circunstancias, el dinero… Sólo importa una cosa: la decisión y las ganas.

Espero que este año que empieza sea ese en el que, por fin, consigamos cumplir nuestros propósitos, esos que figuran en nuestra lista desde tiempo inmemorial y que nunca somos capaces de cumplir porque al final nos vence la sensación de derrota, antes siquiera de haberlo intentado.

Hagamos del año que empieza nuestro año, recordando que un deseo no cambia nada, pero una decisión cambia todo.

Dra. San Román

Subdirectora Centro Médico AUPA