Normalmente asociamos la palabra crisis como algo malo que rompe nuestra zona de confort, pero las crisis son absolutamente necesarias en nuestras vidas como fuente de aprendizaje, por lo que debemos beber de ellas aunque no queramos hacerlo y sintamos que es más cómodo mirar para otro lado. 

Yo no soy especialmente amante del refranero español, precisamente por dichos como “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” o “piensa mal y acertarás”, pero entre estos y otros muchos dichos populares que desgraciadamente forman parte de nuestro sistema de creencias y de valores, se encuentran algunos que sí que merecen la pena tener muy presentes, como por ejemplo: “tras la tempestad viene la calma”. 

Esto siempre es así, pero el tema de fondo que quiero abordar en este artículo es cómo vivimos la tempestad hasta que llega la calma, cómo estamos preparados para aprender de ella, qué nos están enseñando los rayos y los truenos que la acompañan … O sea, si estamos o no listos para afrontar la tormenta con calma y serenidad. 

Neurobiológicamente lo explicaríamos examinando si somos capaces de vivir la crisis desde la gestión con nuestro Neocortex, no dejando a nuestro Sistema Límbico campar a sus anchas. 

Debemos afrontar la tormenta aprendiendo a refugiarnos en nosotros mismos, para, desde ahí, aprender todo lo que nos puede ofrecer desde la calma auspiciosa que sintamos en nuestro interior, no desde el miedo bloqueante. 

Voy a tratar de ilustrar el mensaje de mi artículo con un breve cuento: 

Había una vez un rey que trataba de explicarle a su hijo los valores importantes que debía adquirir cuando heredase su corona. No era la fuerza y el coraje, como el joven príncipe exponía, sino la calma y la serenidad como trataba de explicarle el padre. Al no poder convencerle, convocó un concurso de cuadros entre los nobles del reino con un tema: todos debían pintar sobre la serenidad. 

Al cabo de un tiempo, comenzaron a llegar cuadros al castillo, unos con maizales mecidos por una suave brisa, otros del mar en calma, pero llegó uno en el que se observaba una gran tormenta sobre un acantilado con olas de más de seis metros rompiendo ferozmente sobre él. Al recibirlo, en palacio creyeron que la persona que había pintado este cuadro evidentemente no se había enterado del tema que había pedido el rey. 

La sorpresa entre los miembros de palacio fue cuando el rey eligió este cuadro como el que mejor representaba la calma y la serenidad. Cuando todos pensaban que el rey se había vuelto loco, este les invitó a que se acercasen al cuadro y observasen con mucha atención que en una diminuta cuevecilla del acantilado había dibujado un nido donde un pájaro alimentaba tranquilamente a su polluelo. 

Nadie hasta ese momento, excepto el rey, había visto que dentro de la tormenta hay mucho que aprender, no solamente esperar a que pase. Esta fue la gran lección que el rey le quiso dar a su hijo, el príncipe. 

Todos y cada uno de nosotros vamos a sufrir crisis en nuestras vidas que nos ayudarán a madurar y a crecer como personas si somos curiosos y conseguimos desapegarnos de la situación, observándola con ojos de aprendiz, haciéndonos conscientes y responsables de cada uno de nuestros actos, tratando de no juzgarnos ni de sentirnos víctimas; simplemente aceptando para aprender y pasar desde ahí a la acción que nuestro Neocortex haya procesado como la mejor, y no desde la reactividad de nuestro Sistema Límbico… Ésta es la clave de nuestra serenidad, y por tanto de nuestra felicidad. 

Ni que decir tiene que cualquier tipo de adicción implica una incapacidad para gestionar la vida desde el equilibrio emocional al que he apelado en este artículo, y es precisamente lo que trabajamos ad-hoc con cada uno de nuestros pacientes: ayudarles a restablecer su propio equilibrio emocional que les lleve a vivir una vida plena y feliz. 

Todo el equipo de Centro Médico AUPA estamos listos y preparados para ayudarte. ¡¡Feliz Vida Nueva!! 

Fernando Gallego 

Psicólogo Centro Médico AUPA