MASACRE EN BARCELONA

Terrible, espeluznante, aterrador, brutal, inhumano…..cualquier adjetivo se queda corto para el que haya visto las impactantes imágenes que circularon ayer por las redes sociales, hasta que por respeto a las víctimas y a sus familias, la policía aconsejó que dejaran de emitirse. Cada vez que cierro los ojos, no puedo dejar de ver esos cuerpos inertes o tirados en charcos de sangre. Ayer marcó un antes y un después para muchas familias, las de los fallecidos y las de los heridos y sus posibles secuelas de todo tipo. Y sobre todo, la eterna pregunta sin respuesta: ¿por qué? Esta atormentará a los padres, hijos, maridos o mujeres de las víctimas, que vieron como su paseo por una preciosa ciudad en sus vacaciones de agosto se convirtió en su peor pesadilla. Pero no por un accidente, no por causa médica, sino por la “maldad” de otros seres humanos. Entrecomillo lo de maldad porque este quiero que sea el tema de mi reflexión de hoy y que quiero compartir con vosotros.

Sé que el tema es difícil y espinosos, activa nuestra parte más primitiva, ante un ataque estamos programados para defendernos. Y esto es lo que clamaba ayer todo el mundo, incluida yo en un primer momento. Es una reacción instintiva y comprensible, pero para valorar lo que está ocurriendo no es la adecuada. Para hacer esto debemos recurrir a nuestra parte más racional, a nuestro lóbulo frontal, pero requiere tiempo para ponerse en marcha. Y desde aquí sí podemos intentar comprender, aunque parezca imposible, y buscar soluciones efectivas. ¿Cómo es posible que un ser humano mate indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños fríamente y sin remordimiento? Creo que puede haber varias razones:

1-El miedo, aunque parezca paradójico, se les inculca que somos el enemigo, el infiel, los que vamos a destruirles si ellos no lo hacen antes, se plantea como una lucha a muerte en el que solo puede quedar uno. El miedo es una emoción básica, se genera en el sistema límbico y es tan poderoso que bloquea el resto de procesos cerebrales, por eso se usa como arma en las guerras. Si creo que lucho por mi supervivencia y la de los míos, seré capaz de hacer cualquier cosa, anulándose cualquier posible duda o remordimiento. La violencia aparece por el detonante del miedo.

2-Los prejuicios, que no son más que sesgos cognitivos que origina el cerebro cuando alguien es distinto para obtener información rápida, para defenderse. Ellos no saben nada sobre nosotros, sólo lo que les enseñan desde su más tierna infancia, que somos malos y todas nuestras costumbres son nefastas. Si no recibes ninguna otra información ni te integras, y además sabes que estaría incluso castigado que defendieras o te mezclaras con los infieles porque pondrías en peligro la supervivencia basada en la unión sin fisuras, asumes como propias todas esas ideas, actuando como si fueran una verdad absoluta, y estando dispuestos a matar o morir por ellas.

3-Las vivencias previas. Sabemos que la percepción de la realidad depende de los filtros con que cada uno la ve, entre ellos nuestras creencias, valores, expectativas, recuerdos, e información recibida y que hace que nuestro cerebro realice un cribado o distorsión de lo que nos rodea. La educación, no sólo referida a conocimientos escolares, sino de entrenamiento para ser capaz de valorar las cosas por lo que son, sin ningún condicionamiento, la libertad de elección, la convivencia cercana con “diferentes”, la comprensión de que puedo estar equivocado y puedo mejorar, la tolerancia, la flexibilidad, la empatía…..todo esto es de lo que carecen estas personas. Por tanto, lo que se les puede exigir es menos. El maltrato repetido en la infancia o el vivir en un ambiente violento deja huella en el cerebro, afectando a determinadas áreas. De hecho los adultos con una experiencia traumática, suelen tener el sistema límbico sobreexcitado, lo que propicia conductas violentas. Este para mí sería el único camino posible, en las generaciones futuras.

4-La maldad. La maldad existe, forma parte de todos nosotros. Y la violencia también, sólo que hemos recibido una serie de valores que las mantienen sujetas. Pero todos tenemos, si lo pensamos, un punto débil, un gatillo que sería capaz de despertar a la fiera: hijos, familia, patria, creencias fundamentales para nosotros…., si esto se viera atacado, o así lo sintiéramos, soltaríamos el freno y seríamos capaces de muchas cosas que en frío ni nos imaginamos. Si tenemos esto claro, entenderemos también que a estas personas lo que están haciendo es activarles de manera continuada su punto gatillo con mentiras para que estén dispuestos a saltar cuando se les pida.

     Espero que nadie haya interpretado mis palabras como una justificación, sólo intento comprender, porque es desde el único punto desde el que el ser humano puede cambiar las cosas o tomar decisiones razonadas. Me niego a convertirme en uno de ellos, me niego a entrar en su locura. Por supuesto, esto no quiere decir que no haya que defenderse o tomar medidas, pero serán medidas con sentido y de cara a intentar solucionar esta situación, no a perpetuarla.

     Quiero terminar con una frase de Martin Luther King, que creo que resume lo que siento: “ A través de la violencia puedes matar al que odias, pero no puedes matar el odio”

                             Dra. San Román