Más de 17.000 menores han sido procesados en España por agredir a sus padres (El Mundo)

¿Quién no ha asistido alguna vez al triste y molesto espectáculo de ver a un niño chillando o poniéndose histérico en un restaurante o supermercado? ¿Y a unos padres incapaces de hacerse con el control de la situación? Por desgracia, me temo que cualquiera sabrá a que me estoy refiriendo. Y es que es un fenómeno que se ha instalado en la sociedad actual: el niño tirano también llamado el síndrome del niño emperador.

La historia comienza a edades muy tempranas. La sobreprotección de los padres, la ausencia de límites y el escaso manejo de las emociones sientan las bases para que el niño empiece a ser el dueño de la casa imponiendo su voluntad a golpe de rabieta. A medida que van creciendo, esos enfados por hacer lo que le apetece en todo momento y conseguir lo que desea a cualquier precio empiezan a convertirse en peligrosos y patológicos. El pequeño que tiraba la comida al suelo porque no le gustaba ahora es un preadolescente de 10 años que pega a su madre por cualquier motivo y no siente culpa ni empatía por el otro. Es además cada vez más frecuente que sean niñas tiranas (más de un tercio) y la figura materna la más perjudicada. Y, más adelante, cuando llegan a la adolescencia, en plena efervescencia de esa conducta desafiante y rebelde aparece la mayor fuente de autosatisfacción y placer inmediato: las drogas.

Con el mencionado caldo de cultivo existen muchas probabilidades de que estos pequeños dictadores se conviertan en consumidores de sustancias que en un principio les proporcionan la autoestima que no nunca tuvieron y canalizan su ansiedad. Y el problema se multiplica por mil. Los padres asustados intentan poner remedios más radicales para atajar esta dolorosa situación. Pero a veces es demasiado tarde y la intervención ha de ser más compleja (psicólogos, psiquiatras, centros de adicciones y en ocasiones, incluso la policía).

¿Y cómo podemos poner remedio antes de llegar a una situación tan dramática?

En primer lugar es fundamental conocer las características de estos niños para poder identificar la situación:

  • Se sienten enfadados o tristes con frecuencia
  • Escasa tolerancia a la frustración o incomodidad
  • Autoestima baja
  • Dificultad para sentir culpa o remordimiento
  • Buscan atención constantemente
  • Discuten y negocian cualquier norma o castigo que se les imponga
  • Muy centrados en sí mismos y en sus necesidades
  • Muy pocos recursos para resolver problemas o manejar sus emociones

Es importante actuar ante los primeros síntomas. Lo más aconsejable es pedir ayuda especializada puesto que en estas situaciones los padres están bloqueados y seguramente faltos de herramientas psicológicas y emocionales para afrontar el problema. Existen terapias familiares y profesionales de la salud que guiarán a las personas afectadas hacia una solución optima y personalizada que les permitirá recuperar la libertad y evitar males mayores como pueda ser una adicción al alcohol u otras drogas.

El miedo no soluciona nada, el aprendizaje si.

Marta Blázquez

Terapeuta Centro Aupa