Tras leer la historia (por lástima, de ficción) que publicaba recientemente la revista Play Ground sobre una nueva e hipotética ola de jóvenes abstemios, nos hemos dado cuenta de que se trata de una fantasía muy real y muy cercana.

La juventud está, por fin, comprendiendo que el beber alcohol para socializarse no es algo obligatorio ni necesario en absoluto y que no se les exige emborracharse para relacionarse con su entorno, hacer amigos ni ser más felices.

Sin embargo, todos sabemos que vivimos en una sociedad tremendamente tolerante con las bebidas alcohólicas: se considera algo natural y adecuado beber para celebrar cualquier acontecimiento, brindar siempre y exclusivamente con alcohol, tomar cervezas con los amigos, beber vino para comer e incluso parece vital ingerir una cantidad incesante de chupitos y copas cuando salimos por la noche. Resulta difícil no sucumbir a los “encantos” de esta droga, pues parece la única vía para pasarlo bien, la llave exclusiva para relacionarnos con los demás. Pero no es así. 

“Lo cierto es que no, no estoy enferma, ni estoy embarazada, ni pertenezco a ninguna secta: lo que ocurre es que no quiero beber ”.

La cosa debe cambiar, y así parece que lo está haciendo. Cada vez hay más jóvenes deportistas, jóvenes concienciados con la alta peligrosidad de esta droga, jóvenes con padres que han sufrido problemas con el alcohol, jóvenes desinteresados en probarlo… Es un gran paso para lograr una sociedad más sana, más limpia, más consciente y menos dependiente. 

“(…) me di cuenta de que no estaba sola, y de que, si me fijaba a mi alrededor, había muchísimas personas de mi generación que no estaban interesadas en la bebida.

De pronto, aprendí que había un montón de gente de mi edad, veinteañeros y treintañeros, que habían aprendido a pasárselo bien sin tener que beber ”.

Sin embargo, para que esto se cumpla y termine por convertirse en una realidad, debemos continuar en esta dirección, seguir educando a nuestros niños y jóvenes en el amor por ellos mismos, en el respeto a su cuerpo, en la toma de decisiones de manera consciente y en la creatividad como arma para cambiar el mundo, nuestro mundo: alcanzando metas, propósitos y felicidad. 

“Simplemente quiero ilustrar esta sensación de que quizá el mundo esté cambiando, y con él, nuestras costumbres ”. 

Irene Ramírez 

Colaboradora Blog