Descubre el mapa corporal de las emociones (Psicología Y Mente).

Cada emoción concreta genera respuestas en zonas corporales determinadas, y además esto es independiente del grupo étnico y cultural al que se pertenezca, siendo común a todos.

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No es nada nuevo el hecho de que las emociones influyen en nuestra salud, tanto mental como físicamente. Al fin y al cabo, son las emociones básicas como el miedo, el asco, la agresividad, los mecanismos en los que se sustentaba nuestra supervivencia desde el inicio de los tiempos. Si no hubiera sido por ellos no hubiéramos conseguido llegar hasta hoy. Cada uno de ellos generaba en nosotros una respuesta concreta, si la emoción generada era negativa: rechazo y huida, y si era positiva: acercamiento.

Lo novedoso del artículo es haber comprobado que cada una de ellas genera sensaciones en determinadas zonas de nuestro cuerpo, comprobando de manera científica algo que la sabiduría popular conocía ya: las mariposas en el estómago al enamorarme, la sensación de que me estalla la cabeza por un problema que no puedo solucionar, el dolor o acidez de estómago cuando estoy nervioso, la sensación de tener que ir al cuarto de baño ante algo que me genera ansiedad o miedo… Y mil ejemplos más de lo que ya todos deberíamos tener claro: nuestro cuerpo es una unidad en la que cualquier cosa que nos ocurra en una parte repercute en el todo.

De esto también saben mucho los médicos de atención primaria. Muchas de las consultas que se producen por determinados dolores o disfunciones: jaquecas, dolores gástricos, alteraciones gastrointestinales, insomnio, palpitaciones, ataques de pánico… No tienen una “causa física” que las provoque, son nuestras propias emociones las que las generan, más bien el mal manejo de ellas. Tampoco es raro, nadie nos ha enseñado cómo identificarlas y mucho menos cómo enfrentarnos a ellas; es más, hasta hace pocos años las emociones eran algo denostado científicamente por oponerse a lo que se consideraba el intelecto.

Del posible daño que el mal manejo de las emociones puede generar en nuestro cuerpo provocando enfermedades, hemos hablado en alguna otra ocasión, en referencia al estrés crónico. Pero hoy me gustaría resaltar que también sufrimos las consecuencias de no saber identificar ni manejar las emociones que sentimos. Debemos ser capaces de pararnos para observar lo que nos ocurre y buscar cuál es el origen de esa sensación o el pensamiento que la genera. Sólo así podremos luchar contra aquello que nos hace daño: el miedo, la ansiedad, la inseguridad, las ideas preconcebidas que sobre algo podamos tener… Todo ello son sensaciones generadoras de respuestas físicas negativas inmediatas y además, si se perpetúan en el tiempo, de un mal funcionamiento de nuestro sistema inmunológico.

Así pues, nunca olvidemos que la responsabilidad, en gran parte, de nuestro bienestar físico depende de nuestros buenos hábitos de vida, pero también y casi igual de importante, de nuestro buen estado emocional. Ser capaz de identificar porqué me siento mal, enfrentarme a ello, buscar soluciones e incluso en el caso de que no las haya, variar mi manera de enfrentarme a ese problema, repercutirá de manera determinante en una mejor calidad de vida, tanto física como mental. Tengamos como primera norma de nuestra vida algo que leí hace un tiempo y que nunca olvido:

“A veces no es posible estar alegres, pero siempre podemos estar en paz”

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA