¿MEDICINA O MAGIA?

Escribo muy afectada por lo que considero una muerte inútil de un niño de 7 años en Italia al que trataron de una otitis con homeopatía, al negarse sus padres a tratarlo con antibióticos. De ninguna manera quiero crear ningún tipo de controversia, me limito a confirmar lo que en el año 2017 me parece increíble: negar la asistencia médica o farmacológica a un niño por el “ideario” de sus padres. Es evidente que no es una decisión basada en ningún razonamiento lógico, científico o fundamentado, sino basada en las creencias, nada más. Pero en una creencia que no logro terminar de entender. Los fármacos pasan rigurosos ensayos clínicos primero con animales y luego con personas voluntarias, antes de conseguir llegar a solicitar ser autorizados, es decir, tienen que demostrar su eficacia con estudios serios y rigurosos, y sus posibles efectos secundarios, aunque sean mínimos. Pasan posteriormente el control del Ministerio de Sanidad, controlando no sólo el producto, sino también los excipientes y cualquier aditivo que lleve. Se venden en establecimientos dirigidos por un profesional que tiene unos conocimientos demostrados y que avalan su capacitación para venderlos, el farmacéutico, y normalmente son recetados por un profesional, el médico, que los prescribe después de haber examinado al paciente y haber hecho las pruebas que consideraba necesarias. Pues bien, todo esto parece no tener ninguna validez para algunas personas que  mantienen una guerra con el progreso o la racionalidad. El argumento más esgrimido por su parte es que es mejor lo “natural”  y procurar nuestra propia curación. Perdonen señores míos, esto no funciona así. La medicina ha progresado como ciencia en un intento de ganarle la batalla a la enfermedad, a la muerte, al sufrimiento. No es sensato despreciarlo y volver a las vivencias de hace 100 años, cuando la mortalidad era altísima precisamente por el fracaso y la poca eficacia de este tipo de tratamientos y la inexistencia de los actuales.

   El leer esta noticia me lleva a recordar a Michael Shermer, doctor en historia, escritor y fundador de la Skeptic magazine, que lucha contra la superstición y el pensamiento no científico. Mantiene que somos criaturas supersticiosas por naturaleza, esto nunca desaparecerá, sólo varían con el tiempo y la época el tipo de superstición. Y esto es muy frecuente en relación a la medicina, probamos de todo, y lo hacemos por tres motivos:

  • La memoria humana recuerda los aciertos y olvida los fallos, y no necesitamos demasiados aciertos para fundamentar nuestras creencias. Si sabemos que una vez nos fue bien tomar determinada hierba o cualquier cosa, o vimos que le iba bien a cualquiera de nuestro entorno, es suficiente para basar nuestra fe en ello.
  • El efecto placebo: es un efecto orgánico que resulta de las expectativas implantadas en nuestro cerebro a consecuencia de estímulos anteriores. Este efecto puede estar propiciado por nuestras creencias, nuestras experiencias, lo aprendido y el entorno: cuando tomo algo que espero que me alivie, el efecto de sugestión de que me va a hacer determinado efecto puede lograr que así sea.Hasta principios del siglo XIX que nace la medicina moderna, la historia del tratamiento médico es la historia del efecto placebo. Y no es insignificante su poder, pero no nos equivoquemos, lo que hace es activar la secreción de determinadas sustancias que provocan esto, es pues un mecanismo propio de nuestro organismo y no provocado por ninguna sustancia ajena. El efecto placebo lo que hace es dar permiso a nuestro cuerpo para acceder a nivel cerebral a nuestras reservas de fuerzas para utilizarlas.
  • Nuestro concepto de causa-efecto no siempre se cumple. De manera innata necesitamos explicarnos las cosas, nos resistimos a todo aquello que no tiene explicación o solución, y es entonces cuando apelamos a las creencias Son ellas las que han ayudado también a nuestra supervivencia como especie. Pero en muchos casos deberíamos revisar si sólo son eso o las hemos convertido en realidades demostradas. Claro que sería estupendo curarse con hierbas recogidas del campo o con la imposición de manos de alguien, o con dosis diferentes a las establecidas por los protocolos médicos, pero no es real, no es verdad, es sólo una ilusión sin fundamento y sin sentido. No nos protegemos de nada si huimos de la medicina actual, sólo de nuestras propias creencias irracionales.

           También podríamos preguntarnos si con respecto a nuestros hijos debemos actuar a nivel médico de la manera establecida y siguiendo los protocolos que son fruto de múltiples estudios, o nuestra propia opinión sin conocimientos sobre la que fundamentarse. No juguemos con la salud de nuestros hijos, que cada uno haga lo que quiera con la suya propia, pero con la de los niños no. Estamos aquí para ser su salvaguarda, su protección, su refugio, es lo que ellos esperan de nosotros, la seguridad de que nada malo va a pasarles estando a nuestro lado. No los traicionemos.

                                Dra. San Román