EL PAÍS

La respuesta a esta pregunta no puede ser tajante: depende. Os explicaré las distintas situaciones que se pueden dar y veremos en qué casos puede ser viable la pareja:

  • Si uno de los miembros de la pareja tiene una adicción: alcohol, cocaína, porros… En este caso es absolutamente imposible que la pareja funcione. Una persona inmersa en una adicción desarrolla lo que denominamos personalidad adictiva, algunas de cuyas características hacen que sea inviable mantener una adecuada relación de pareja: manipulación, mentira, mantener el consumo de esa sustancia como prioritario en su vida…Por otro lado, sería impensable para la otra persona de la pareja permanecer impasible ante algo que está destruyendo la vida de la persona que quiere y seguir a su lado viendo cómo se destruye.

 

  • Si uno de los miembros de la pareja tiene un estilo de vida sano: hacer ejercicio, comer de manera adecuada, no consumir drogas…Y el otro no lo hace. En este caso puede ser que este último sea así porque nunca se ha planteado vivir o hacer las cosas de otra manera, sino más bien dejarse llevar por su entorno, por lo que ha aprendido o por la comodidad. En este caso, con cariño, sin imponer nada e intentando atraer a la otra persona hacia otro estilo de vida diferente y más sano, es posible que consigamos que nuestra pareja empiece a cambiar sus hábitos. Esto no quiere decir que cambie su personalidad ni que tenga que hacer todo lo que nosotros hacemos exactamente, pero simplemente con que empiece a ser consciente de que su salud y su calidad de vida presente y futura está en sus manos, ya habremos conseguido que cambie.

A partir de ese momento, puede que cada uno tenga sus gustos y aficiones pero el fondo que compartirán es el mismo: disfrutar de todas las cosas buenas que nos proporciona la vida, sin dañarnos.

  • Supongamos que cada uno tiene una manera distinta de concebir el ocio como vimos en el caso anterior, pero no conseguimos que la otra persona modifique ni varíe nada de su vida. Creo que en este caso la relación de pareja terminará viéndose afectada, Por muchos motivos:

– Si no somos capaces de que la otra persona comprenda que en la vida hay más cosas que hacer en el tiempo de ocio que lo que hasta ese momento ha hecho, como por ejemplo irse de cañas, es que no está dispuesto siquiera a escuchar nada diferente a lo que considere él o ella como bueno o adecuado. Esto nos presentaría a una persona de mentalidad poco abierta e intransigente y con pocas posibilidades de cambiar, eso o cualquier otra cosa de su vida.

– Creo sinceramente, que sería difícil convivir con alguien que quieres y ver cómo está dañando su salud y permanecer al margen. El tabaco, el alcohol, el sedentarismo…Son cosas absolutamente nocivas. Cuando queremos a alguien, queremos lo mejor para esa persona. Creo, por tanto, que con el tiempo esto se convertiría en un punto de fricción y roce de la pareja.

– Si cada uno de los miembros de la pareja concibe el ocio de manera absolutamente diferente, la brecha que se abrirá entre ellos será cada vez mayor. Es muy difícil compaginar el que a ti te guste salir hasta las 6 de la mañana y dormir el resto del día, y a mí me guste levantarme pronto e ir a hacer senderismo, ir al gimnasio o a montar en bici. No habría casi nunca un punto de encuentro. Y además nuestros mundos y amigos serían diferentes.

Creo que, por supuesto, cada miembro de la pareja puede tener sus gustos y aficiones, y ser diferentes, pero también creo que en este caso hablamos de algo más profundo, de concepciones distintas de la vida, y esto es lo que puede hacer que la pareja no funcione. No olvidemos nunca que nuestra pareja será también nuestro compañero de viaje a lo largo del tiempo.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA