Ésta es la pregunta que muchas veces creo que todos contestamos de modo afirmativo, e incluso asumimos como cosas independientes y que pueden ser totalmente contradictorias: fulanito es mala persona pero la verdad es que es muy bueno en lo que hace. Asumido está. Lo que nos dice Howard Gardner, neurocientífico, en esta interesantísima entrevista en LA VANGUARDIA, es que no es cierto. En el artículo en el que se encuentra esta entrevista, que os recomiendo leer, se nos habla de otras muchas cosas. De él podemos extraer varias conclusiones, que intentaré resumir, y que no deberíamos olvidar: 

  1. Cada persona es única en cuanto a inteligencia. No hay tontos ni listos, es una clasificación absurda y simplista y que no identifica para qué somos tontos ni para qué somos listos. Por eso él define 7 diferentes formas de inteligencia y por tanto nos dice que los test tradicionales no cumplen su función y sólo sirven para etiquetar y seguramente frustrar a más de uno. 

  2. La ética es fundamental para ser un excelente profesional. A título personal siempre lo había pensado, pero compruebo que la neurociencia lo confirma. Nos dice Gardner que efectivamente puedo llegar a alcanzar “pericia técnica”, pero no la excelencia. No es posible que si me guía el egoísmo, la satisfacción de mi propio ego, la avaricia o cualquier otro sentimiento que se refiera sólo a mí, sea capaz de desarrollar verdadera empatía o compromiso con lo que hago. Podré hacerlo durante un tiempo, pero en determinado momento podrá más mi propia conveniencia y dejaré de lado todo lo demás. No puedo establecer un verdadero compromiso o implicarme hasta el fondo, si bajo esa apariencia de “buen profesional” subyacen motivos espurios y lo único que hago es maquillar mi verdadera personalidad, intentando esconder lo que tarde o temprano saldrá a la luz. Es posible que a todos en este momento se nos vengan a la cabeza muchos triunfadores que son ricos y famosos y poco éticos. No hablamos de dinero ni de éxito social. Puedo llegar a ser rico, precisamente por falta de ética. Estamos hablando de la excelencia profesional, que es otra cosa, aunque en este país desgraciadamente se confunda muchas veces con el triunfo social. 

  3. Trabajo porque es lo que toca. Muchos estudian porque es lo que se espera de ellos, van a la universidad siguiendo en multitud de ocasiones la estela dejada por sus padres en cuanto a una profesión, se dedican a lo que surge en determinado momento de su vida. No hay elección, no hay pasión, no hay verdadero entusiasmo, y eso pasa factura. Tarde o temprano esto nos generará una insatisfacción que se trasformará en aburrimiento, cansancio, dedicación del mínimo de mis capacidades para seguir tirando, pero sin más. Esto nos convierte en mediocres, aunque a los ojos de los demás seamos buenos, no estamos dando todo lo que podemos, nos quedamos en el mínimo, en la superficie .Estamos representando un papel ante los demás. Por eso, como nos dice Howard en el artículo, nuestra vida se convertirá en obligación, no en ilusión. 

  4. La ética solo es una. Define ética la RAE como “el conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”. He subrayado cualquier, porque no puedo tener dos éticas; una para el trabajo y otra personal. Eso no existe. Son las normas que rigen mi vida y no se pueden separar, si soy avaricioso lo seré en el trabajo y en mi vida personal. Si soy egoísta lo seré también en los dos aspectos. Por eso lo que sea en mi vida personal repercutirá en mi vida profesional, sin duda alguna. 

  5. La necesidad de ver más allá. Es necesario no sólo el conocimiento científico, sino el planteamiento de una serie de cuestiones que afectan a mi vida y a mis relaciones con los demás. Puedo ser un gran técnico y un gran estudioso, pero debo ser también un gran ser humano con valores y con respuestas a lo que para mí supone la vida. Debo de llegar a tener claro qué hago aquí y cuáles son mis prioridades. Y también qué es lo que me hace sentirme satisfecho conmigo mismo. Por eso Howard nos plantea el estudio no sólo de conocimientos, sino el estudio de Humanidades. Porque si te conviertes en un técnico puro, puedes llegar a creer que tienes la respuesta a todo y que tienes todo bajo control. Pero eso es falso, y como él dice, puedes, en determinado momento en la madurez, tener una crisis y sentirte desorientado, porque nunca has buscado el norte de tu vida. 

Creo que ha quedado claro que sólo somos uno, y nuestra personalidad, valores, defectos, se pondrán de manifiesto en todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, no sólo se trata, como nos inculcan desde pequeños, de estudiar mucho, sino de pensar mucho y de formar a un ser humano que merezca la pena. El resto lo pondrá el entusiasmo y el trabajo. 

Quiero terminar con una frase del propio Gardner que creo que todos deberíamos grabar en nuestro cerebro: “Creer saber envejece, querer saber rejuvenece”.

No dejemos de aprender nunca, no perdamos la ilusión, no dejemos que el tedio se instale en nuestras vidas y mantendremos la ilusión de vivir. 

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA