Este artículo me ofrece la oportunidad de hablar sobre un tema que me parece apasionante y me ha interesado siempre mucho. En él, el profesor Bernard Roth de la universidad de Stanford, sugiere que el realizar pequeñas modificaciones en tu lenguaje te ayudará a tener más éxito, y propone dos: cambiar “pero” por “y”, cambiar “tengo que hacer” por “quiero hacer”; con el primer cambio evitamos la disculpa permanente que supone un ficticio conflicto entre lo que queremos hacer y todos los inconvenientes que lo impiden y con el segundo la desagradable sensación de obligatoriedad, sustituyéndola por la de la libertad de haber decidido algo.

   Estoy totalmente de acuerdo con el profesor Roth, pero me gustaría ahondar un poco más. El lenguaje hablado apareció como una mejora en nuestra evolución, dejamos de ser un animal que se adaptaba al entorno, para ser capaces de adaptar el entorno a nuestras necesidades. Permitió la comunicación nocturna, cuando el lenguaje gestual era inútil, permitió la transmisión del conocimiento y de las advertencias de manera más rápida aumentando la supervivencia de los niños y adultos, permitió la organización de la caza en grupo, contribuyó a la creación de asociaciones y apareció la argumentación, al aparecer la posibilidad de dialogar y entenderse. De hecho estudios realizados en tribus que todavía persisten hoy en día demuestran que el jefe no es el más fuerte, sino el más dialogante, el más capaz a la hora de mantener la paz en el grupo.

     Vemos pues que el lenguaje supuso un hito histórico en la evolución de la humanidad, sin embargo, observo con tristeza la poca importancia que se le da hoy en día por gran parte de la población. No tienes más que dejar hablar a alguien de manera relajada, para saber lo que hay dentro de su cabeza: opiniones, prejuicios, lo que valora, lo que siente, cuáles son sus problemas, cuales sus carencias….Lo que decimos y cómo lo hacemos nos delata. Nuestra apariencia es la primera impresión que los demás reciben de nosotros, pero será nuestro lenguaje, lo que digamos y cómo lo hagamos lo que nos definirá ante los demás. Cada vez que hablamos de un tema y expresamos nuestra opinión, nos reafirmamos en ella. Por eso debemos estar atentos a lo que decimos y cómo lo hacemos. Es posible modificar nuestro cerebro y nuestras creencias irracionales o erróneas a través de la modificación del lenguaje que utilizamos. Veamos algunos ejemplos:

1-Tener una concepción pesimista y por tanto, creer que arrastramos una pesada carga sobre nuestros hombros con el sólo hecho de vivir: qué horror tener que madrugar, qué mal día hace, qué mal funciona el trasporte público, nunca encuentro sitio para aparcar, siempre me toca hacer el peor trabajo o turno, todo el mundo me toma por tonto…..y así en una letanía de quejas continuada que cada vez que emito me reafirma en mi falsa creencia de que mi vida es una continua lucha contra la adversidad. No es cierto, y es tan sencillo, como ser consciente de cada queja que emito y corregirla. Al principio me costará trabajo, pero poco a poco comprobaré como el hecho de modificar esto y dejar de quejarme, modifica mi estado de ánimo, empezando a ver las cosas de diferente color al negro habitual.

2-Dramatizar cualquier situación banal. Tendemos a considerar como desgracias y a ponerlas a ese nivel, situaciones de la vida, llegamos a considerar tragedias lo que es, simplemente, vivir. Si estamos acatarrados, si se nos estropea algo en casa, si algo en el trabajo nos sale mal, si suspendemos un examen, si una relación afectiva no termina bien, si no tenemos dinero suficiente para ir de viaje o para darnos un capricho, si tenemos un Smartphone antiguo y no funciona muy bien, si se nos estropea el ordenador, si se estropea el coche….todas ellas son situaciones normales en cualquier vida occidental, aclaro, pero que a veces cuando escuchas a alguien, parece que le estás escuchando hablar del fin del mundo. Ante cualquier situación, y antes de expresarnos, aprendamos a catalogarla en su justo sitio, y a darle la importancia que en realidad tiene. Si aprendemos a corregir este tipo de “dramatismo” en el lenguaje, habremos modificado en nuestro cerebro algo más profundo, la catalogación real de los problemas, lo que nos hará vivir más relajados.

3-Ser conscientes de nuestros prejuicios. La manera de expresarnos sobre determinadas cosas, ya sea en forma de chistes, bromas, expresiones habituales o incluso lo que nos sale de dentro sin pensar en momentos de enfado, son producto de lo que creemos. Puede parecer una exageración o simplemente maneras graciosas de referirse a las cosas sin más, no es verdad. Insisto, cada vez que opino sobre algo : emigración, otras razas, el sexo contrario, el aspecto físico, las ideas políticas, las religiones……ya sea en forma de broma o chiste, o de manera enfadada, lo que hago es reafirmar en mi cerebro ese prejuicio, hacerlo más indeleble, aumentar mi intolerancia, convertirme en alguien más estrecho de miras. Intentemos dejar de repetir esas cosas, obliguémonos a hablar con respeto, sólo así nos convertiremos en personas más respetuosas y con mayor amplitud de miras.

4-Evitar el autoengaño. A él se hace referencia en el artículo cuando nos recomienda cambiar el” pero” por el” y”. El cerebro nos protegerá de todo aquello que nos resulte desagradable, aunque sea lo mejor para nosotros, si no lo vemos así, él tampoco lo hará. Por eso es un experto justificándonos y buscando excusas para que no hagamos aquello que no nos gusta o nos cuesta. Tenemos que ser capaces de detectar ese discurso exculpatorio y corregirlo. Y si no hago algo, debo ser capaz de decir: no lo hago porque no me da la gana, sólo así seré capaz de corregirme, de emprender proyectos, de cambiar mis costumbres, de cambiar mi vida.

 

5-Ser consciente de que soy libre, este es el segundo cambio que nos propone el artículo. Deja de decir con conmiseración: tengo que ir a trabajar, tengo que ir a ver a mi madre, tengo que ir al gimnasio……tanta obligación agota. Cámbialo por quiero, me apetece, he decidido…..verás cómo poco a poco, realizas todas esas cosas con una sonrisa, porque formarán parte de una vida que tú decides, que tú has elegido.

   Tu vida es la expresión de tu subjetividad, no lo olvides, y se expresa a través del lenguaje que uses. Así que si quieres cambiar tu manera de pensar o de sentir, cambia tu manera de expresarte, pues como decía Lázaro Carreter: “el lenguaje es el andamiaje del pensamiento”

                             Dra. San Román