¿Amigo o enemigo? Ésta podría ser la pregunta a plantear después de leer el artículo de EL MUNDO, en el que se nos habla del tremendo daño que a nuestras vidas hace el tener una visión negativa o pesimista de lo que nos rodea. En el artículo, se describen los pensamientos irracionales o distorsionados más frecuentes que pueden condicionar nuestra vida. En contraposición a ello, hoy me gustaría hablaros del Optimismo Realista. 

Como su nombre indica es un optimismo basado, no en una visión idealizada y edulcorada de la vida, sino en la constatación de la verdadera realidad.

El ser optimista no es algo que viene en los genes, el optimista no “nace”, se “hace”.

Es una decisión que hay que tomar y que supone algo muy importante y que afecta de manera muy profunda a nuestras vidas, porque cuando elijo ser optimista, renuncio a ser pesimista, y este es el mayor cambio.

Os daré algunas pautas sobre cómo se comporta un optimista: 

  1. El optimista no subestima la posibilidad de experimentar situaciones negativas, sino que tiene unas expectativas altas respecto a su vida y su futuro. El sólo hecho de anticipar las cosas buenas que le pueden ocurrir aumenta su bienestar. 

  2. Los optimistas son personas que confían más en sí mismas y por tanto, obtienen mejores resultados en todos los ámbitos de la vida. El optimismo actúa como una profecía autocumplida : si estoy seguro/a de que soy capaz de hacer cualquier cosa, lo haré. El optimismo desemboca en éxito en los estudios, el trabajo y lo más importante, en la salud. Si espero un buen futuro, el estrés y la ansiedad desaparecerán, repercutiendo de manera directa en mi estado físico. 

  3. El optimista ante un problema busca soluciones, no culpables. La mayor parte de nosotros ante cualquier complicación que nos surge lo primero que pensamos es a ver a quién le echamos la culpa, es como si el hecho de encontrar al culpable supusiera algún tipo de alivio o solución: necesito echarle la culpa a alguien o en última instancia a mi “mala suerte”, cualquier cosa antes de reconocer mi propia responsabilidad. 

  4. El optimista por el punto anterior, se convierte en alguien creativo. Ante cualquier dificultad, se acostumbra a buscar diferentes opciones para solucionarlo. También intenta ver cualquier situación desde distintos puntos de vista, lo cual le convierte en alguien resolutivo y con un cerebro que se activa ante las dificultades, en vez de bloquearse. 

  5. El optimista no se pelea con la lluvia si llueve, sólo abre el paraguas para protegerse de ella. No podemos estar todo el día renegando de las cosas que nos ocurren, es mucho más sano intentar buscar una solución o alguna manera de sobrellevarlo lo mejor posible si no la tiene. 

  6. El optimista es alguien que mantiene unas buenas relaciones sociales, ya que lo que proyecta de sí mismo, a través tanto del lenguaje verbal como del corporal, es atractivo para los demás, que de alguna manera buscan su compañía porque les trasmite todas esas buenas sensaciones. 

  7. El optimista es consciente de su estado interno y sabe gestionarlo. Sabe identificar las emociones y qué hacer con ellas, modificando aquellas que puedan resultar dañinas o irracionales y potenciando aquellas que resulten útiles y adecuadas. 

  8. El optimista es totalmente consciente de que es el protagonista y el artífice de su destino, con todas las connotaciones que esto conlleva. Sabe que puede conseguir lo que se proponga, y que su felicidad depende de él, no del “ destino” o de los demás. No es un barco a la deriva que depende del estado del mar para naufragar o mantenerse a flote, es un buen capitán que aferra con fuerza y ganas el timón de su vida, y que sabe que es el encargado y responsable de que su barco llegue a buen puerto. 

  9. El optimista mantiene un lenguaje acorde a lo que piensa. No se queja continuamente, no se pasa el día lamentándose, no está permanentemente resaltando las cosas negativas, no guarda amargura por lo que pasó, ni alimenta rencores personales, no guarda las afrentas recibidas como marcas indelebles en el alma… Es alguien que perdona, olvida y sigue adelante. Pero lógicamente no es tonto. Recordad que hablamos de optimismo realista, así que apartará de su vida todo aquello que no sea beneficioso o le haga daño. 

  10. El optimista es alguien que sabe adaptarse a los cambios y le gustan. Porque para hacer cualquier tipo de progreso, necesitamos ser capaces de imaginar una realidad diferente, y además necesitamos creer que esa realidad es posible. Y el optimismo nos proporciona esa energía vital. 

  11. El optimismo se entrena. Hay una parte del cerebro “encargada” de nuestra visión positiva de las cosas: la circunvolución frontal inferior izquierda. Por el contrario la derecha es la responsable de nuestro lado negativo. Así pues, podemos conseguir que nuestra zona izquierda cerebral se desarrolle más, sólo tenemos que entrenarlo modificando el lenguaje, sonriendo más, no quejándonos, aprendiendo a hablar de las cosas buenas, a disfrutar de cada pequeña cosa que nos da la vida y a ser conscientes de TODO lo que tenemos. 

Así pues, os animo a todos desde hoy a practicar.

Y no olvidéis que la vida es como un espejo: te sonríe si la miras sonriendo. 

Dra. San Román

Subdirectora médica CENTRO AUPA