Leyendo el artículo de EL PAÍS: “Así te cambia la vida si pasas un mes entero sin quejarte”, nos damos cuenta de que, efectivamente, el autor está en lo cierto con eso de que el bienestar obtenido por no quejarse tiene dos lados: por una parte, la clara sensación de felicidad que obtenemos al ser capaces de mirar nuestro mundo con unos ojos más amables, y por otra, la de reflexión y percepción de cómo son realmente las personas que nos rodean.

¿Crees que es verdaderamente sana la manera de comunicarnos y relacionarnos que mantenemos a diario con familia, amigos, pareja, compañeros/as de trabajo, etc.? Lo cierto es que no. El vivir en una constante queja es algo más que habitual en todos nosotros, ¿verdad que sí? Las malas contestaciones, las respuestas “fuera de tono”, e incluso las borderías, se han convertido en nuestro modo habitual de tratar al de enfrente. Lo cual, además de una falta de respeto enorme, es una auténtica pena. Sí, sí, es una pena que dos seres humanos se ataquen continuamente cuando realmente tratan de llegar a un fin común. ¿No os pasa muchas veces que discutís con alguien y en realidad estáis diciendo lo mismo, pero abordando el tema de manera diferente?

Es cierto que quejarse no es malo. Pero hay que saber quejarse por lo verdaderamente importante. Y lo cierto es que, como decimos, nos quejamos más de la cuenta y gastamos en ello demasiado tiempo y energía, pues lo hacemos por cosas que, echando la vista atrás en el tiempo, no merecían la pena. Párate a pensar por un momento las veces que “refunfuñas” a lo largo del día: que si el metro ha llegado tarde, que si qué fastidio de atasco, que si qué calor, que si ahora llueve, que si un bebé llora en el restaurante, que si mi jefe esto, que si mi marido lo otro… Como bien dice el artículo “si tenemos comida, casa, familia, amigos… ¿no deberíamos ser felices?”.

Entonces, ¿por qué nos quejamos más de lo que deberíamos? En parte, el habernos acostumbrado a “quejarnos por todo” tiene que ver con todo el estrés al que estamos sometidos, el ritmo frenético de nuestras vidas, la necesidad de perfección y de constante aprobación… Es por eso que este propósito de no quejarse durante un mes es todo un reto. Un desafío al que os invitamos a uniros desde mañana mismo. ¿Qué digo mañana? ¡Desde que terminéis de leer este artículo!

¿Ya estáis decididos a aprender a dejar de ser unos “quejicas”? Ya veréis como no es nada sencillo, pero precisamente por eso, merece la pena. Y, por si todavía no lo tenéis claro, aquí os dejamos algunos de los beneficios que obtendremos de este reto de no quejarse durante un mes:

  • Fomentaremos nuestra positividad. Como decíamos antes, el ponernos las “gafas amables” nos ayudará a ver las cosas con un filtro más positivo y a enfrentarnos a la rutina con una actitud más segura y vital. 
  • Nos esforzaremos en sonreír ante las dificultades.  Partiremos de la base de aceptar que la vida no siempre es fácil y seremos capaces de ver la belleza precisamente en lo complejo de ella. Para conseguirlo, lucharemos porque cada día sea un día especial, distinto del anterior. Y sobre todo, no nos dejaremos vencer por las adversidades jamás. 
  • Aprenderemos a ser más asertivos. Pondremos los problemas encima de la mesa, sí. Pero sabremos revelarlos con buenas formas y palabras no malsonantes o hirientes. No quejarnos no nos llevará a cometer el error de decir “sí a todo”. Encontraremos la manera adecuada de exponer nuestras necesidades y nuestra opinión.
  • Nos haremos más conscientes. Pasado un tiempo de este desafía, lo perfecto sería poder incorporarlo a nuestro día a día sin que se tratase de un “simple juego o reto”. Así, nos daremos cuenta de todas las veces que nos hubiéramos quejado o de todas aquellas otras que habríamos contestado con una grosería o con un “bufido” cuando algo no nos hubiese agradado del todo. Seremos más conscientes de nosotros mismos y del resto. Y, en definitiva, aprenderemos a vivir en calma. 

Recuerda, se trata de cambiar el chip. Si no te gusta algo, levántate y cámbialo… ¡No vale quejarse! Pues como decía Anthony J. D’Angelo: 

“Si usted tiene tiempo para quejarse y quejarse de algo, entonces usted tiene tiempo para hacer algo al respecto”.

 

Irene Ramírez López

Colaboradora Blog Centro AUPA