¿Alguna vez te has preguntado porque algunos animales no conocen el concepto de altruismo o compasión o lo conocen de una forma más somera? Pues simplemente porque no disfrutan de un software tan sofisticado como lo es el cerebro de un ser humano. 

Nuestro cerebro animal, come, duerme, practica sexo… Nuestro cerebro humano puede ser creativo, compasivo, altruista…. Pero, ¿de qué sirve esa programación neuronal que nos permite tener esa capacidad de altruismo y compasión, si nunca nos apetece usar esas aplicaciones? Sencillamente, de nada. 

El altruismo y la compasión son vitales en la vida de cualquiera para poder mantener el equilibrio emocional y poder llevar una vida plena, satisfactoria y saludable. Son herramientas que nos van a posibilitar esquivar las adicciones y las conductas compulsivas, ya que van a hacer que su práctica nos haga sentirnos bien, “más humanos”, la dopamina que obtendremos del altruismo y de la compasión, es tan poderosa que si las usamos con frecuencia, nuestro cerebro no demandará sustancias tóxicas, como el alcohol, la cocaína, el azúcar, étc. para sentirnos mejor. 

La práctica del altruismo y de la compasión se puede implementar en circunstancias corrientes de la vida cotidiana, no es necesario irse a África con una ONG, aunque eso también esté muy bien, claro. Debemos tener presente que podemos explotar esas aplicaciones cerebrales… ¡Ya mismo! ¡Ahora mismo! ¡En este preciso momento! ¿Qué te preguntas cómo? Te doy ideas que se me ocurren: 

1. Ve a ver a tu abuelo o abuela. Poner en práctica esto, hubiera alegrado mucho el cumpleaños del abuelo de Kelsey Harmon. Ese día, Kelsey publicó un tuit que decía: “Cena con mi abuelo esta noche. Preparó 12 hamburguesas para sus seis nietos y yo he sido la única que se ha presentado. Le quiero”  (Lee la noticia en VERNE).


2. Si has terminado tu trabajo, ayuda a tu compañero a terminar el suyo. No te largues sin más, saca las manos de los bolsillos, deja de silbar y retrocede sobre tus pasos desde la puerta de salida hasta la mesa de tu compañero. 


3. No dejes sucio el baño de los restaurantes, piensa no sólo en el cliente que viene tras de ti, si no también en la empleada que lo limpió y lo limpiará. 


4. Sé amable con los demás. Aunque no tengas un buen día, piensa que nadie tiene la culpa de tus desgracias; incluso aquella persona que te está sonriendo, tiene problemas más graves que los tuyos. 


5. Da limosna a todo el que te la pida. Sí, has leído bien, a todos. Da igual si es joven o viejo, hombre o mujer… Nadie pide en la calle si realmente no lo necesita. 


6. Comprométete con alguna causa justa. Milita en una asociación sin ánimo de lucro, participa de la solidaridad, ponte objetivos, dona sangre, inscríbete para la donación de órganos…


7. Trabaja para los demás. Si eres médico, arquitecto, empresario, abogado… Regala tus servicios o mercancía a aquellos que creas verdaderamente que lo necesitan y no pueden pagarlo. 


8. Regala lo que no uses. No acapares objetos que nunca utilizas, no eres una hurraca que instintivamente necesite llevarse al nido cualquier objeto brillante que se le ponga por delante. Da igual el valor de la prenda, regálaselo a alguien que lo necesite más que tú. 


9. No te escaquees. Apoya las causas justas y a las personas valientes que se pronuncian, haciéndose ver y dando la cara en defensa de algo o de alguien, no seas convidado de piedra para no evidenciarte y como vulgarmente se dice, no meterte en problemas. 


10. Destierra la palabra sacrificio de tu vocabulario.

En definitiva, convierte el altruismo y la compasión en tu forma de vida, trata de transformar lo que al principio tu cerebro entenderá como un sacrificio en una oportunidad para ser feliz y equilibrado. Gracias a la práctica continuada de estas aplicaciones, lo lograrás. 

Consigue que cada noche que te metas en la cama y reflexiones con tu almohada, puedas recordar una aplicación útil de tu altruismo o compasión. Márcate ese reto y comprobarás como tu vida mejora, las conductas compulsivas y tus adicciones se quedan atrás, tu equilibrio se afianza, las ansiedades y miedos van difuminándose y querido amigo, a eso en mi pueblo, se le llama FELICIDAD. ¿Y en el tuyo?

Virginia López

Coordinadora Centro Médico AUPA