El artículo de

[ABC] nos cuenta la historia de Mahendra, un niño de la India que no podía sostener su cabeza erguida a consecuencia de una miopatía congénita que le provocaba debilidad en los músculos del cuello entre otros. Podéis imaginar lo que era la vida de este niño, una absoluta dependencia de sus padres con el consiguiente aislamiento social al no poder realizar una vida ni medianamente normal. Esto se solucionó, y ahí está el meollo de nuestro artículo de hoy, gracias a la intervención de una mujer que se enteró de la historia de este niño y decidió hacer algo por él. Montó una campaña de recogida de fondos y consiguió el dinero necesario para poder operar a Mahendra y que recuperara una vida normal. 

La siguiente pregunta que algunos se puedan hacer es por qué una mujer que vive al otro lado del mundo, en vez de simplemente compadecerse como haríamos la mayoría, decide hacer algo para conseguir cambiar eso. La respuesta es fácil, se llama altruismo.

La RAE define altruismo como: “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio”.

Efectivamente , Julie Jones, que así se llamaba la mujer que consiguió el dinero, tuvo que montar la campaña, recaudar el dinero, hablar con los médicos buscando una posible solución y al final encontrar al cirujano que fue capaz de operar al niño y solucionar el problema. ¿Pero para qué tanta molestia? ¿Son personas especialmente buenas las que hacen este tipo de cosas? La respuesta es NO. Todos somos capaces de hacerlo por dos motivos fundamentales: 

  1. Porque el altruismo es el motor del éxito de nuestra manada. Solos no vamos a ninguna parte y estamos diseñados para ayudar: yo te ayudo porque tenemos genes en común y sé que algún día me ayudarán a mí. Esto se llama altruismo recíproco. De alguna manera esperamos que nos devuelvan el favor en el futuro, aunque no esas mismas personas ni de manera consciente, Es decir, venimos “de fábrica” con esa capacidad de ayudar, porque de manera innata sabemos que eso ha constituido, junto con la capacidad de adaptación, la supervivencia de nuestra especie a lo largo de millones de años. 

  2. Porque el hacer algo a cambio de nada provoca a nivel cerebral la liberación de una serie de neurotransmisores, entre ellos la dopamina, que nos hacen sentirnos bien. Por eso, las personas que dedican su vida o parte de ella a hacer cosas por los demás, dicen sentirse felices. Además, hemos de saber que las personas egoístas segregan más cortisol, que es la hormona que desencadena la cascada de respuesta del estrés, lo que les genera una situación emocional y física (tienen más problemas de salud) mucho peor. 

Y algunos me diréis que si esto es cierto, todo el mundo lo haría. Así debía de ser. Lo que ocurre es que la mayor parte de nosotros nunca practicamos el altruismo: por falta de tiempo, por no decidirnos, porque creemos que eso es para otro tipo de personas más buenas, porque nos sentimos incapaces, por desconocimiento… Pero si alguna vez habéis hecho algo a cambio de nada, por ayudar simplemente, por pequeña que haya sido vuestra acción, sabréis de lo que hablo. Es esa sensación inmediata de bienestar, de sentirte bien contigo mismo, de recompensa.

Intentadlo, como siempre decimos, para practicar el altruismo no es necesario apuntarse a una ONG o irse a otro continente; el altruismo puede estar presente en nuestra vida diaria: cediendo el asiento en el metro a alguien, ayudando a cruzar la calle a un invidente, llevando las bolsas de la compra a una persona mayor, ayudando a una madre con el cochecito de su niño a bajar unas escaleras, dejando pasar a un coche en un cruce, donando algo, a alguien que veáis pidiendo, yendo a ver a ese familiar que te da pereza pero que crees que se siente sólo, contestando con una sonrisa cuando alguien te pregunte algo…

Estos ejemplos son cosas que veo a diario que unos hacen y la mayoría no. Observad vosotros mismos y comprobadlo. Nunca olvidéis que somos una especie altamente social y que estamos más hechos para compartir que para competir. El apoyo social es uno de los mayores predictores de felicidad, es como un parachoques frente a acontecimientos negativos. Así pues, desde hoy, proponte ser más amable, ayudar en vez de pasar de largo, preocuparme por las personas que me rodean, saludar con una sonrisa…, veréis como al final del día os sentís mejor. 

Ahora entenderéis el título del artículo: empezamos por hacer las cosas desinteresadamente, por lo menos en “apariencia”, aunque nuestros genes sepan la verdad, y terminamos sintiéndonos tan bien que ya no podemos renunciar. Como decía Martin Luther King:

“Cada hombre debería decidir si va a caminar en la luz del altruismo creativo o en la oscuridad del egoísmo destructivo”. 

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro Médico AUPA