Seguramente a la mayoría de nosotros, a la vista de la historia que hemos leído en

[EL MUNDO] de esta chica de 19 años llamada Rahama, nos sería difícil contestar de manera afirmativa a la pregunta: “¿te sientes afortunada por estar viva?”. Es casi imposible para nosotros imaginar una vida así: sin cuerpo, con un sólo brazo y metida toda la vida en una palangana. Qué monstruosidad, clamaría la mayoría, o incluso algún alma caritativa podría pensar que para vivir así es mejor morir, o en su momento haberla “ayudado” a morir. Pero Rahama no opina lo mismo: se considera afortunada de estar viva. Impresiona la historia, y más la visión de la entrevista en que la vemos sonriendo con esos maravillosos ojos negros llenos de vida. Y leyendo esta historia uno se plantea varias cosas, que creo que son lecciones de vida que nunca deberíamos olvidar:

  1. La felicidad es algo que depende de uno mismo y no de las circunstancias externas. Una vez cubiertas las necesidades básicas (comida y techo) soy yo el que decido qué es importante en mi vida y en qué deposito mis ilusiones y a qué aspiro . Cuánto más absurdas, irreales o forzadas por mi educación o entorno sean esas metas, mas frustración acumularé y más infeliz seré.

  2.  Ya lo hemos hablado en alguna otra ocasión, pero nunca está de más recordarlo: la cosa que más seguridad y felicidad proporciona a un ser humano es el cariño de sus semejantes. Está demostrado científicamente que ni el dinero, aunque te toque la lotería la sensación eufórica desaparece en unos tres meses, ni siquiera la salud son igual de importantes. Seguramente alguien, al leer esto último haya puesto el grito en el cielo: no tiene más que mirar a su alrededor y ver la cantidad de gente sana que es infeliz, y en contraposición volver a ver la imagen de Rahama. Porque ella tiene un gran tesoro: el cariño de su familia, el enorme amor de su hermano que la trasporta 25 km todos los días en su jofaina a la cabeza para ir a ganar el sustento de la familia. No hay más que fijarse en la enorme sonrisa de felicidad de su hermano cuando le entregan la silla de ruedas a su hermana. El cariño de su familia es el dique que la protege de la furia y la intensidad del mar de inconvenientes que tiene su vida. Y le proporciona la seguridad que necesita, a pesar de ser incapaz de realizar nada por sí misma. No quiere morirse, ni pide que nadie la mate, sólo quiere seguir viviendo esa vida que ella se considera afortunada por vivir. Impresiona.

  3. El altruismo, el hacer algo por los demás, es algo inherente al ser humano y , por tanto, necesario. Lo traemos de fábrica, no es nada inventado o moderno. El ayudarnos unos a otros es algo que nos ha permitido seguir aquí después de tantos millones de años. Pero la civilización, las prisas y la vida moderna, ha desdibujado esta necesidad hasta hacerla desaparecer prácticamente de nuestras vidas. Pero no olvidemos que es una parcela que debemos ocupar, y no es necesario hacerlo en el tercer mundo o en una ONG, sólo es necesario preocuparme por los demás y hacer algo por ellos de manera desinteresada: por mi vecina, por mi amiga, por mi abuela, por mi compañero de trabajo… Eso es lo que hace el hermano de la protagonista de nuestra historia: trasportar 25 km andando a su hermana con una sonrisa y con cariño, sin alardear de ello. Esto es altruismo.

No olvidemos nunca que las cosas más importantes de la vida no son cosas.

Dra. San Román

Subdirectora Médica en Centro AUPA