El desamor y el rechazo amoroso, producen en el cerebro una actividad neuronal parecida a la que se desencadena cuando alguien padece una adicción. ¿Por qué se parecen las adicciones al rechazo amoroso?. Voy a tratar de hacer el paralelismo con un escrito sobre ello, que he rescatado del cajón de mi mesa, para poder encontrar estas coincidencias.

  1. La luna de miel del adicto: los inicios del consumo son satisfacción pura, hasta que  la tolerancia de sus efectos producen que ésta, sin remedio, cambie a desorden y caos. Entonces el tóxico se muestra desprovisto de compasión y empieza a destruirlo todo…

“Corre la nostalgia de lo que fue un diábolo de alegría y pasión, lo que pasó de ser un idilio de amor, complicidad y unión a el distanciamiento, la lejanía, la amargura, la oscuridad…, la letanía recitada por la conciencia de tantos errores cometidos día a día…”

  1. El vacio que produce dejar una adicción atrás: tenlo claroque esa sensación de caída hacia el abismo desparezca, sólo depende de ti, déjate ayudar y permite que se vaya, te perjudica, te maltrata y te domina, en definitiva, no es buena para tu vida. Ábrete a las oportunidades que se te van a ir presentando, gracias a mantener la abstinencia…

“Suena en mi mente a diario una voz interior con el recuerdo del poema de la bienvenida a tu caótica vida, mientras a la vez martillea mi cabeza, el golpe de la más abrupta de las salidas, guiada irremediablemente hacia la erótica de la búsqueda de nuevas compañías, que reparen la huella de tu despedida…”

  1. El miedo a la salida de la zona de confort: por mala que sea la realidad que vive un adicto, siempre va a existir el miedo a intentar vivir de otra manera, sin poder apoyarse en el tóxico que siempre él, erróneamente ha creído que le ayudaba a vivir… 

“Sueño con que me abandone el dolor que me produce esta herida, mientras fantaseo con la ilusión del cambio hacia la nueva vida que he de merecer, sin pena ni ansiedad, sin tóxicidades ni condena, sólo con la pasión, que siempre le he puesto a todo lo que ha rodeado el proceder de mi vida…”

  1. El peligro de la recaída: cuando se logra dejar una adicción, puede que en ocasiones aparezcan factores que hagan que la persona vea como positivo aquello que nunca lo fue, es importante saber identificar estos pensamientos como trampas…

“Pierdo la calma si recuerdo el último capítulo de nuestra historia y me sosiego si lloro la pérdida de nuestra común memoria, sabiendo que las lágrimas que a diario aún brotan desde mis entrañas, son por algo que algún día mereció la pena y aún mis huesos extrañan…”

  1. El lastre del fracaso: a veces el adicto puede pensar que haber caído en una adicción es un fracaso personal, eso mina la moral y por tanto dificulta aún más la recuperación. Hay entonces que tratar de pelearse para salir de ahí…

“Siento la decepción de un fracaso incontrolado, pero oriento sin pudor mi paso, hacia la ilusión por encontrar la letra de la canción que me explique mi amargo caso…”

  1. Acometer cambios en tu manera de ver las cosas: no es posible salir de una adicción, si no se hace un profundo análisis de todo aquello que se hace mal, un resumen contable de nuestros desvalores y defectos…

“Cambio la soberbia por la humildad perdida, sacada de golpe de una chistera con la que he tenido la suerte de contar toda mi vida. La arrogancia que algún día me abocó al precipicio y me sacó a golpes de tu vida, es ahora amiga mía, ya que me ha salvado y me ha puesto en el sitio que yo siempre merecía…”

  1. El éxito de encontrar el equilibrio y la paz: cuando la persona logra superar la adicción, todo cambia y comienza su idilio de amor consigo mismo, sin necesidad de depender de nada ni de nadie y así, sin haberlo imaginado, la vida le brinda la oportunidad de ser feliz…

“Grito libertad de saberme mía, de no buscar fuera lo que yo se, que siempre en mi interior yacía. Llegó el momento, nada parará la más importante de las citas de mi vida, aquella que tengo conmigo, cada día…”

Virginia López Bello

Coordinadora Centro Médico AUPA