Veo el dibujo y no puedo sentir más que ternura. Quizás a mucha gente le resulte hasta desagradable; es como destrozar un mito al mostrarlo con los signos de la edad. Así es nuestra sociedad y es de lo que nos alimentamos a diario a través de los medios de comunicación, las tiendas, las opiniones de los que nos rodean… Como el título de la película, “este no es un país para viejos”. Sin embargo, cada vez hay más “viejos”,  al haberse prolongado la vida media de la población y decrecer el número de nacimientos. Por eso no deja de sorprenderme ese intento de repudiarlos casi y de ignorarlos, ni entiendo el porqué. Miento, sí lo entiendo. No deja de ser un recordatorio inconsciente de lo que nos espera y por eso mucha gente no quiere verlo.

También me sorprende ese intento de tratarlos como si fueran niños o personas que por cumplir años se han vuelto seres sin opinión y sin capacidad de decisión. Eso no es así. Una persona mayor no es más que el compendio de toda una vida de aprendizaje, con lo cual, debería ser alguien tolerante, generoso, que sepa darle importancia a lo que de verdad la tiene y con una gran capacidad de empatía. Por desgracia no es así, pero no porque las personas que pertenecen a eso que hoy se llama la “tercera edad” tengan algún problema por ella, sino porque esas personas no son más que las mismas de siempre con más años y por tanto con los mismos miedos, creencias irracionales, ignorancia, intolerancias y prejuicios de siempre, sólo que más arraigados por los años que los han mantenido.

Eso es lo que diferencia a las personas mayores, lo mismo que a los jóvenes y a los de mediana edad: lo que hayan hecho con su vida.  Por eso el artículo al que hago referencia (de EL TELÉGRAFO), nos habla de las adicciones o dependencias que pueden aparecer a esa edad  (fármacos, alcohol, televisión…) como consecuencia de toda esa vida de insatisfacciones. Vamos a ver qué cosas podemos hacer para que cada cumpleaños no se convierta en una suma más a la supuesta condena de llegar a viejo: 

1. Rodéate de cariño. Establece a tu alrededor una muralla de afecto que te haga sentirte protegido, querido y te reconforte en los malos momentos. Lo más importante que un ser humano tiene es eso, no hay mayor tesoro. El saber que puedo compartir mis tristezas y alegrías con personas que las  sentirán como propias, es la mayor satisfacción que uno puede tener. Pero esto no es gratis, para conseguirlo he de dedicarles tiempo y atención. No puedo pretender que todo el mundo se preocupe por mí, si antes yo no me he preocupado por nadie. Si he sido egoísta, eso es lo que recibiré, así pues revisemos nuestro comportamiento antes de reprochar el ajeno. Sembrar para recoger; cuida tus relaciones familiares y a tus amigos, dedícales parte de tu tiempo, ocúpate de cómo están y de ayudarles, el día que tú lo necesites ahí estarán. 

2. Establece relaciones sociales. El aislamiento tiene un efecto devastador en nuestro bienestar, tanto físico como mental. No olvides que el ser humano es un ser gregario, diseñado para vivir en manada. Apúntate a alguna actividad que requiera contacto con otras personas: ejercicio físico, cultural, de manualidades, altruista… La soledad lleva a sentirse vacío por dentro y rechazado por los demás. No se trata de “estar” sólo, sino de “sentirse” sólo, que es muy diferente. Está demostrado que el aislamiento social influye directamente en el funcionamiento de nuestro sistema inmunitario y por tanto, en nuestra salud, las personas que se sienten sólas enferman más. El impacto de la sensación de soledad es inmenso y se traduce en depresión, desarrollo de adiciones, trastornos mentales, estrés, mala alimentación, desarrollo de enfermedades… Así pues, sepamos que el relacionarnos con los demás es absolutamente necesario, además de gratificante. No se trata de tener mil amigos, sino pocos y buenos y de pasar un rato al día por lo menos con otras personas con las que me una algo. 

3. Haz ejercicio físico. Puede que este consejo os parezca algo manido y sin excesiva relevancia. No es así. Dejando aparte que es una manera de establecer relaciones y obtener dopamina, con lo cual la sensación de bienestar está asegurada, hay algo más. Por supuesto es evidente que el ejercicio nos hará estar en mejor forma física y por tanto nos convertirá en personas más independientes y con mejor salud, pero además está demostrado que la realización continuada de ejercicio aeróbico tiene un impacto directo sobre el cerebro, mejorando la capacidad de aprendizaje y memoria, tan importante a esa edad. 

4. Mantén activo tu cerebro. Está demostrado que, como cualquier otra parte del cuerpo, sino lo uso no se desarrolla y se empobrece. Lee, mantén conversaciones con distintas personas, vete a exposiciones, viaja si puedes, no dejes de ponerte retos y aprender cosas nuevas, practica ejercicios que ayuden a tu memoria y capacidad de observación, mantente al tanto de las nuevas tecnologías, no te quedes estancado, no hay edad límite para aprender, siempre es posible. Eso te hará sentirte orgulloso de ti mismo e ilusionado con todo lo que te queda por delante. 

5. Sé optimista. Elimina de tu vida lo que se llama “neurosis de queja”: cuando empiezo a quejarme de una cosa, las demás vienen solas, parece que todo me sale mal y todo me pasa a mí. No es así, sólo que he desarrollado más la parte derecha de mi cerebro (la negativa para entendernos) a costa de fijarme en las cosas malas. Si un día llueve, será lo único que vea y empezaré a quejarme de llevar paraguas, del tráfico, de la incomodidad, del mal tiempo… En vez de haberme fijado en que es otro día más que me levanto y estoy sana, que la lluvia es buena y necesaria, que vivo en un país en el que a pesar de que llueva no se va a hundir mi casa por endeble ni voy a recorrer kilómetros para conseguir ir al médico o a conseguir comida, que la lluvia no es ácido, sólo agua… Entrena a tu cerebro para fijarse en las cosas buenas, así decidirás convertirte en alguien satisfecho y a gusto con tu vida. No olvidemos, y no me canso de repetirlo, que ser feliz es una decisión personal. 

6. Vive en paz. No mantengas enfrentamientos enconados, ni odios guardados celosamente, no fomentes la venganza, no critiques. Aprende a ser asertivo y a decir lo que piensas con calma y sin enfados, no seas severo al juzgar a los demás, no te conviertas en juez implacable, sé tolerante. Sólo así podrás sentirte bien y tranquilo. Sólo así, cuando hagas repaso de tu vida comprenderás que no dejas ninguna cuenta pendiente, sólo así sentirás que has tenido una buena vida, en la que las luces han podido iluminar las sombras. 

Como decía Rousseau :

“La juventud es el momento de estudiar la sabiduría, la vejez el de practicarla”.

                                                                Dra. San Román 

Subdirectora Médica Centro AUPA