Nos recuerda el artículo de PSYCIENCIA el famoso experimento que realizó el psicólogo Walter Mischel en la Universidad de Columbia con niños de 4 años y del que ya hemos hablado alguna otra vez. Se dejaba a los niños en una habitación solos con una chuche y se les decía que, si no se la comían en diez minutos, les darían más. Evidentemente, hubo algunos que aguantaron y otros que no. Lo revelador de este estudio fue el seguimiento que de estos niños se hizo y lo observado a los 20 años del experimento: aquellos que habían aguantado obtenían mejores resultados académicos, tenían mejores relaciones personales y eran personas más equilibradas y satisfechas. La diferencia entre ambos grupos es la impulsividad, algo que vemos a diario en nuestros pacientes de Centro Aupa, ya que es una de las características fundamentales de la personalidad adictiva; la incapacidad para resistir un impulso o atracción comprende una serie de características:

  • Inmadurez emocional
  • Necesidad de gratificación inmediata
  • Baja tolerancia a la frustración
  • Actuar sin pensar
  • Ante un estímulo, la velocidad de respuesta es prácticamente inmediata
  • Dificultad para valorar metas a largo plazo
  • Inmediatez, entendido como el triunfo del aquí y ahora.

Debemos saber que cuando el cerebro desea algo, segrega previamente dopamina (hormona del placer), como anticipo del disfrute que está por llegar, pero si éste no llega, se estresa segregando cortisol (hormona responsable de desencadenar la cascada del estrés), para que se genere una sensación de malestar y obtenerlo con urgencia. Esto se aplica a todos los ámbitos de la vida de la persona impulsiva, generándole multitud de problemas, tanto a nivel personal como económico. Entendamos que cada vez que no consigue algo de manera rápida, se frustra y como sabemos que su tolerancia a esta sensación es muy baja, busca de manera inmediata algo que le haga sentirse bien, entrando en un bucle en el que se siente atrapado.

Ahora sí, estamos en situación de entender porqué hay personas que repiten los mismos errores siempre y porqué en las personas adictas es el mecanismo que las mantiene ancladas a su adicción.

¿Cuál es la salida? El antídoto para el veneno de la impulsividad es el autocontrol, que consiste en ser capaz de aguantar tu frustración ahora, para lograr tus metas más adelante. Pero hemos de saber que el control de las cuestiones emocionales requiere entrenamiento, no es algo que obtengamos porque sí. Existen diferentes técnicas para conseguirlo:

  • La automatización, automatizar determinados comportamientos para evitar el desgaste emocional que conlleva utilizar la fuerza de voluntad y, por otro lado, identificar y desautomatizar otros.
  • La técnica de los 10 minutos, cuando sienta deseos de hacer algo, asumirlo, no negarlo, pero esperar 10 minutos antes y mientras tanto distraernos con otra cosa. Cuando pase ese tiempo y si mi cerebro ha dejado de pensar en ello, será más fácil.
  • La técnica del “Si, entonces”, que es anticipar que cuando sienta ese deseo haré otra cosa que me divierta: llamar a un amigo, montar en bici, ver una serie que me guste, salir a pasear….en fin, cualquier actividad que me agrade.
  • El haber pensado previamente y haber elaborado una lista de las ventajas e inconvenientes que esa acción me reportará o me ha reportado ya, para empezar a ser capaz de aprender de la experiencia.
  • La meditación, como práctica de entrenamiento mental.

El que consigamos ser personas con control no quiere decir, ni mucho menos, que nos convirtamos en robots trabajando por objetivos. Al contrario, el aprender a controlar nuestros impulsos nos convertirá en personas más tolerantes, flexibles y equilibradas, con menos sensaciones de fracaso, miedos e inseguridades. No olvidemos que el identificar y saber manejar nuestras emociones es la base sobre la que se sustenta el equilibrio emocional.

Como decía el psicólogo Wayne Dyer:

“ El estado de tu vida no es más que un reflejo del estado de tu mente”.

No lo olvidemos.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA