Como bien dice el artículo de EL PAÍS, “es de bien nacido ser agradecido”. Pero es que, además, ser una persona agradecida y educada tiene efectos muy positivos para nosotros. La neurociencia ya habla de ello, pues ha sido demostrado que ser cortés aumenta nuestro bienestar y reduce nuestra ansiedad. 

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto ser amables con los demás? ¿Qué es exactamente lo que nos impide sonreír al panadero, dar las gracias al cartero o sujetar la puerta a un anciano? Absolutamente nada. Nosotros somos dueños de nuestros actos y, por tanto, solo de nosotros depende ser o dejar de ser personas agradecidas. Tal vez podamos pensar que es válido poner como excusa la prisa y el estrés con el que nos movemos por la vida hoy en día; estamos demasiado ocupados en nuestros quehaceres y encerrados en nuestros pensamientos como para dar las gracias al de enfrente. Creemos que no es necesario… Y nos estamos equivocando. Cada uno de los buenos actos que podemos realizar a lo largo de un día resultan altamente beneficiosos, no solo para el cartero o el panadero, si no para nosotros mismos, pues al realizar estos pequeños actos de cortesía se libera en nuestro cerebro dopamina, provocándonos bienestar.

¡No lo pensemos más! Lancémonos y seamos personas más agradecidas, más amables y, así, más felices.

Algunos de los actos de cortesía de los que hablamos, pueden ser realizados diariamente… Solo es cuestión de cambiar el chip y comenzar a ser una persona más entusiasta por las pequeñas cosas. Estos pequeños actos cambiarán tu modo de ver la vida:

  • Nada más levantarte, da los buenos días a la(s) persona(s) con las que vivas con la mejor de tus sonrisas. Si vives sólo/a, dítelo a ti mismo/a. No hay mejor manera para comenzar el día.
  • Agradece el café que tomas y piensa en el esfuerzo invertido por cientos de personas (recolectores de grano, trabajadores en fábricas, vendedores…) para que pueda llegar a tu taza.
  • Deja salir antes de entrar al vagón del metro. Y también en los locales. 
  • No te enfurezcas si sufres un atasco, procura escuchar música o la radio.
  • Da las gracias. No cuesta tanto.
  • Escucha a los promotores de ONGs de la calle, dedicarles cinco minutos de tu día no te supondrá un gran esfuerzo.
  • Sonríe.
  • Intenta estar 24 horas seguidas sin quejarte por nada. Parece fácil pero no lo es en absoluto. 
  • Llama a un familiar o amigo con el que haga mucho tiempo que no hablas.
  • Ayuda a tus vecinos. A subir la compra, a cruzar la calle, a arreglar un enchufe…
  • Infórmate de las actividades altruistas de tu Ayuntamiento.
  • Ordena tu armario, seguro que hay mucha ropa que ya no usas y puedes donar. 
  • No juzgues a nadie. Ni por su raza o color, ni por su religión, ni por su forma de vestir.
  • Antes de dormirte, piensa en todas las personas que habrás ayudado y con las que has sido amable a lo largo del día. ¡Serán muchas más de las que crees!

“Sin amabilidad el ser humano deambula por la vida torpemente”. Doménico Cieri Estrada

 

Irene Ramírez

Colaboradora Blog Centro AUPA